Tokio, 29 de diciembre de 2009. En Japón viven aproximadamente 400.000 inmigrantes latinoamericanos, descendientes de migrantes japoneses. Estos ahora se encuentran en una difícil situación, pues se encuentran entre las primeras víctimas de la crisis económica. Con un paro que aumenta (actualmente del 4,7%) y la polémica oferta del Gobierno de 2.200 euros por cada adulto y 1.500 para los familiares dependientes, a cambio de salir del país y no volver.
La cuestión de la integración no es baladí, pues se trata de personas con rasgos orientales pero con identidad latinoamericana. Principalmente, peruanos (55.000) y brasileños (290.000). También están los bolivianos (5.000), los argentinos (3.800), colombianos (3.000), paraguayos (2.200) y mexicanos (1.818), según cifras de 2004. La conservadora sociedad japonesa, que en los años 80 buscó a estas personas para cubrir la demanda de mano de obra en sus fábricas, ahora pretende desacerse de ellas.
"Han pasado 20 años desde que el señor Sakurai llegó a Japón procedente de su Argentina natal y todavía mantiene un acento latino inconfundible. Sus abuelos fueron parte del millón de japoneses que emigraron en América Latina desde finales del siglo XIX hasta pasada la Segunda Guerra Mundial huyendo de los conflictos en su país. A mediados de la década de los 80, sus descendientes, latinos en corazón y alma pero con fisonomía oriental, iniciaron el éxodo contrario, en dirección al Japón, para aprovechar que el gobierno promovía la repatriación de japoneses en el exterior", explica un
reportaje publicado por el diario Avui en su edición de hoy.
Para afrontar esta situación, el sindicato UKC acoge a trabajadores con este perfil. El 85 por ciento de sus miembros son japoneses latinoamericanos. Las actividades que realiza son en español y japonés. La comunidad de origen peruano, tiene además una
red de entidades sociales y culturales para promover la integración en el país oriental.
Redacción
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