¿Qué más?
Fue en los años 70 cuando pude ver la relación de discos censurados. Al ir trabajando en diversas cosas, había gente que me decía ‘ojo con esto o aquello’. Cuando hacía una temporada del programa Pintan coplas. Resulta que las coplas también habían sufrido la censura. Cuando surgió el vinilo, RNE organizó los discos en un archivo enumerado. Entonces había personas que escribían en los libros, las cubiertas y en los mismos discos con un punzón. Eso era la barbarie, porque una cosa es prohibir, pero otra es destruir el patrimonio musical.
¿Qué motivos hay detrás de esta investigación?
Había personas más jóvenes que me preguntaban «¿porqué pides este disco? ¡Mira cómo está!» La censura duró hasta 1977. Pensé: ¡qué jóvenes eran! Antes de 1966, cuando salió una nueva Ley de Prensa [Ley Fraga], una entrevista tenía que pasar con preguntas y respuestas al ministerio antes de su publicación. También los periódicos antes de salir a la calle.
¿Cómo eran las cabinas de escuchas para los censores?
Eran pequeñas, con un receptor, un magnetófono, donde un funcionario escuchaba y tomaba apuntes. Había turnos y funcionaban las 24 horas, para apuntar lo que ellos llamaban incidencias. Por ejemplo, si alguien presentaba una canción prohibida, había sanciones administrativas como multas o el retiro de los micrófonos por uno o dos días, con sanciones en el salario.
¿Qué tenían en común las canciones censuradas?
Casi todas tenían que ver con el amor, la libido, nombrar a Dios... pero a partir de los 70 se amplía el criterio prohibitivo, porque aparece la canción de cantautor, de protesta, sindicalista, política con motivos subversivos.
¿Se puede comparar?
Ya en 1939 el régimen sugirió que había que vigilar las radios y controlarlas desde el Estado con [Ramón] Serrano Suñer, cuñado de Franco, como primer ministro de Propaganda. Llegó a tal punto el veto, que en los 60 se prohibió a Chaikovski porque era homosexual.
España es un caso único porque primero ha sido siempre la radio pública, pero aquí surge primero la privada. Hasta que en la Guerra Civil surge la emisora del bando nacional –así se hacían llamar- de los militares. Así surge en Salamanca en enero de 1937 la Radio Nacional de España. Era una cruzada y para ellos –los militares- todo era nacional: alzamiento nacional, radio nacional, etc.
¿Qué proporción de los temas prohibidos eran latinoamericanos?
Muchísimos. La influencia musical de México, Cuba y Sudamérica es muy grande en España. En mi infancia recuerdo que vendían unos cancioneros con temas de Jorge Negrete, Pedro Infante, Antonio Aguilar, Miguel Aceves Mejía, Pedro Vargas, Agustín Lara, José Mojica... los cantantes mexicanos eran muy queridos. Aunque no hubiera relaciones diplomáticos con ese país en los primeros años del régimen y muchos exiliados fueron acogidos en México. También los boleros cubanos. De ahí sale el cha cha cha, la rumba, el mambo. La gente también iba a bailar estas canciones en salas con orquesta que ya no existen.
¿Cuál tema destaca entre los ‘inmorales’?
La mexicana Consuelo Velásquez tuvo tanta difusión con este tema [“Bésame mucho”], que la grabó todo el mundo. Daba igual quien la cantara, se censuraban todas la versiones, hasta 80 o más. Incluso la instrumental.
El caimán...
Lo que ocurre es que “Se va el Caimán” –el nombre verdadero es “El hombre caimán”, pero es más conocida de la otra manera- apareció en la película Pasiones Tormentosas [México, 1946] y ese mismo año fue adoptada por los opositores en Panamá para intentar que se fuera el presidente Enrique Jiménez. Cuando puse la versión de Luis Alberto del Paraná con el trío Los Paraguayos, los censores se enteraron del uso que se le dio en Panamá. Esto trascendió y se reinterpretó para Franco. Era mucho más fácil censurarla, que dejarla correr.
¿Habían castigos?
La censura era de canciones no radiables, pero en un sitio con orquesta y vocalista podía reproducirse libremente. Sin embargo los de la censura podían ir antes de una fiesta, recoger la lista de autores y decir al Gobierno “aquí están cantando de las prohibidas”. En estos espacios había más permisividad, no como en la televisión donde, por ejemplo, había alguien listo para cubrir con un chal a las mujeres con un escote pronunciado.
¿Se trataba también de proteger la cultura?
En principio sólo era para proteger el idioma nacional en las películas, pero esto era mentira porque era para poder cambiar los diálogos que no agradaran al régimen. Había un profundo sentimiento religioso de los funcionarios del Ministerio, para no permitir cualquier tema picado, como el abrazo, la mirada, el beso o Dios. Este trabajo era supervisado, y para evitar la sanción del jefe, censuraban más de lo que se les pedía. Siempre hay más papistas que el Papa.