A menos de tres semanas de las elecciones, las encuestas continúan pronosticando un resultado muy apretado. La ventaja del PSOE, de entre dos y cuatro puntos, no es suficiente para garantizar su triunfo. La introducción por el PP de temas de marcado corte populista, como la inmigración, la rebaja de la edad penal, así como la desaceleración económica, parece que ha acortado las distancias entre los dos grandes partidos.
Los analistas parecen estar de acuerdo en que el resultado va a depender de la movilización del votante socialista, puesto que el PP ya tiene asegurada la participación de los suyos. Ello explica las palabras de Zapatero sobre la necesidad de tensionar la campaña. El PP ha dedicado toda la legislatura ha mantener la tensión de los suyos: recordemos las grandes manifestaciones de la Asociación de las Víctimas del Terrorismo o las convocadas por la Conferencia Episcopal.
En cambio, los votantes de izquierdas, tradicionalmente más críticos, han llegado más fríos a la recta final. No obstante el exceso de populismo del PP, puede acabar siendo contraproducente para dicha formación, pues puede tener un efecto no deseado: la movilización de la izquierda.
Por eso, durante los ultimos días Rajoy ha moderado su tono y parece que ha aparcado el discurso antiinmigrante, tema estrella de la actual campaña.
En estas circunstancias, los dos debates televisivos previstos para el 25 de febrero y el 3 de marzo pueden ser decisivos. En cualquier caso, el resultado va a ser apretado, por lo que los pactos postelectorales van a ser primordiales, y en este terreno el PSOE está mejor situado, tanto para pactar con IU como con los nacionalistas.
En definitiva, los que puedan votar, voten, pues su voto es decisisvo.
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