"La guerra por el agua se soluciona con la reforestación y la agricultura sostenible"
Federico M. Winer
fwiner@tribunalatina.com
“Aquí la pobreza de la tierra y la falta de madera hacía que se produjera muy poca comida; por eso había una escasez de alimentos muy grande cuando yo era pequeño. Crecí en una de las familias más pobres de la región de Mixteca… como en esas imágenes de África”, explica el campesino mexicano Jesús León Santos (42 años). Creador y ahora director del Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (CEDICAM), su organización ecologista lucha desde hace 25 años por la recuperación de la tierra en la zona de Oaxaca, México. Llevan cerca de un millón de árboles sembrados en una región donde, según un informe de la ONU, existe un índice de erosión del 83%, uno de los más altos del planeta.
Jesús en Mixteca, donde trabaja por la reforestación desde hace 25 años.
-Y como para que digan que los pobres no pueden cambiar nada.
-Sí, pero no fue de un día para el otro. Cuando éramos jóvenes, allá por los años ’70, pensamos que no era posible seguir viviendo de esa manera. Y para comenzar nos ayudaron muchos campesinos guatemaltecos que habían llegado experiencia en el la conservación de suelos.
-“Hágalo usted mismo”.
-Creo que las personas somos parte de la solución de los problemas. La sociedad en general, y las comunidades indígenas aún más, no tenemos que esperar que los gobiernos hagan algo por nosotros. Así empezamos en Oaxaca a luchar por el medio ambiente y es un ejemplo de referencia.
La erosión del suelo deja terribles postales. Este es un árbol en Mixteca.
-Hay quienes dicen que lo del cambio climático es un montaje.
-Las personas que se manifiestan de esa manera se manejan por los intereses económicos y prefieren ignorarlo. Yo no puedo ser tan ‘optimista’ como ellos. Los problemas son evidentes e irán a mucho más.
-¿Es para tanto?
-Los calores que experimentamos, los deshielos, las tormentas, las inundaciones… son señales de que no se puede cerrar los ojos ante una situación tan complicada que afectará a todos.
-¿Latinoamérica se llevará la peor parte?
-Los países con menor índice de desarrollo, con altos índices de pobreza, serán sumamente golpeados. El asunto del agua es fundamental, porque la lucha por ella no va a tener buenas consecuencias. Debemos hacer algo desde cada lugarcito para detener la desertificación.
-¿Lo del agua se soluciona con la reforestación?
-Claro. Siempre que destruyamos bosques y montañas tendremos problemas de inundaciones, arrastre del suelo y poca infiltración de la lluvia, lo que deja secos los manantiales.
-¡A plantar árboles y listo!
-No. Ese es el error de gobiernos como el mexicano con el proyecto ‘Pro-árbol’, que gastan millones sin pensar que estos tardarán 20 años en crecer. Las políticas de reforestación se tienen que acompañar en un marco de desarrollo integral: nosotros usamos las franjas-trinchera, que retienen el agua para que no discurra y erosione la superficie, sino que se filtra y alimenta. También hay que trabajar con la producción de un sistema de agricultura sostenible. Ahora nos encontramos desarrollando invernaderos más productivos, que no afectan los ecosistemas.
Una campesina cultiva en los invernaderos que desarrollaron en la zona.
-Jesús, la gente no quiere ‘historias’ sino productos más baratos.
-¿Qué va a pasar con nuestros hijos si ahora usamos de esta forma a los escasos recursos naturales? Hay que cambiar pronto nuestras culturas para evitar la catástrofe porque el mundo necesita otro equilibrio en varios aspectos. ¿Ejemplos? Muchos productos llegan a las mesas de la familia desde lejos, lo que implica que gastaron tantísima energía en transporte. Los jardines de las casas, en vez de ser bonitos y decorativos, podrían servir para cultivar algunas hortalizas que ahorren esos desplazamientos dañinos.
-¿Y el ‘American Way of Life’?
- Algunos trabajamos de más en la conservación mientras otros lo destruyen. Sinceramente espero que los pueblos no necesiten un desastre para darse cuenta.
-¿El gobierno de Oaxaca del gobernador Ulises Ruiz le apoya?
-No ha dicho nada. Por parte del Gobierno Federal, mediante la Secretaría de Medio Ambiente, expresaron algún interés…
-¿Eso fue lo único en 25 años de trabajo?
-Así es. Es una de las regiones más erosionadas del planeta y hacen muy poco para revertirlo.
-Será por falta de dinero…
-¡No! Esto se logra en base al interés comunitario. Las sociedades necesitan un empujoncito para caminar: los gobiernos, en cambio, quieren empujarlos todos los días y los conduce al fracaso por el gasto que supone.
-A Al Gore, ex vice de USA, lo acusaron de montar un negocio con lo del cambio climático. ¿Usted de qué vive?
-La organización me compensa con un poco de dinero por el tiempo que le dedico, pero sigo siendo un campesino. Trabajo mi parcela y no hago esto por un interés económico, sino por el futuro de mis hijos y del mundo. En este modelo de consumismo neoliberal no vamos a ningún lado: el campo debe encontrar mecanismos diferentes para que los pequeños agricultores puedan seguir adelante y para que la tierra no diga basta un día de estos.
Jesús sonríe en su parcela, la cual continúa trabajando a diario para ganarse la vida.
Los números del cambio. León y CEDICAM ahora trabajan con más de mil 500 campesinos en doce comunidades. Han sembrado más de un millón de árboles y reforestado más de mil hectáreas. Sus programas de agricultura sostenible han llevado a la conservación de unas dos mil hectáreas. Es más, han logrado proteger cinco mil hectáreas con terrazas y muros de piedra, lo cual ha aumentado en un 50 por ciento la producción agrícola y conseguido una mayor retención del agua y de la capa superior del suelo, redundando en beneficios ecológicos, sociales y económicos. Donde no hace mucho tiempo sólo el 25 al 30 por ciento de la tierra era cultivable, las comunidades ahora cultivan más del 80 por ciento de ésta. Las zanjas de contorno que impiden el escurrimiento de las aguas pluviales han llevado a un aumento del 50 al 100 por ciento en los niveles de los manantiales. Los agricultores de toda la zona han dejado atrás el uso de fertilizantes y pesticidas industriales, y ahora usan abonos compostados y variedades de semillas nativas, a la vez que retornan al consumo de alimentos locales y a una dieta indígena tradicional.
En una zona semiárida como la Mixteca, todos estos cambios han mejorado enormemente la vida en las comunidades de toda la región, y en consecuencia reducido la emigración (fuente: Goldmanprize)