Federico M. Winer
Si metemos la vida de Silvio Berlusconi en una cinta de ocho milímetros no queda más que un personaje propicio para cualquier guión de Federico Fellini. Nacido hace 71 años en una familia normalita de Milan hoy está en el Top 50 de millonarios según Forbes (9.400 millones de euros); domina casi todos los medios italianos; se presume que tiene conexiones con la mafia; sacó dos discos de música al mercado; coqueteó con modelos, le pidió perdón público a su esposa por ello y termina abriéndole las puertas del partido a las chicas (Mara Carfagna)… Ah y hace un par de días fue reelecto como presidente.
Hete aquí el punto en cuestión a tratar: en esta última oportunidad arrasó a la izquierda en las urnas aliado con Alianza Nacional y la secesionista Liga Norte; partidos que hicieron especial hincapié en el “problema” de los inmigrantes.
En cierto sentido era “normal” que más tarde o más temprano el discurso contra los extranjeros hiciese mella en el panorama local. Hasta hace poco tiempo, en términos históricos, Italia estuvo más acostumbrada a enviar ciudadanos que recibirlos. Por eso un par de décadas de arribos, junto a la crisis económica de este momento, fueron el disparador perfecto para que el discurso de ‘tolerancia cero’ ocupase un sitio de lujo.
“Cerraremos las fronteras del país (…) comenzaremos a devolver a sus países a los inmigrantes extracomunitarios de los países del Adriático y el Mediterráneo”, explicó Il Cavaliere en su discurso de apertura.
Sus aliados de la Liga van más allá con declaraciones racistas y escándalos de dudoso gusto.
Por caso, Roberto Calderoli, quien ocupó el Ministerio de Reformas en el último gobierno de Berlusconi, llevó una camiseta con la caricatura de Muhammad. El resultado fueron 10 muertos en el consulado italiano de Bengazi (Libia) después de unas protestas. El mismo personaje incitó a que los partidarios paseen cerdos, animal prohibido para los musulmanes, en los terrenos donde se planeen construir Mezquitas. Lo bautizó ‘el día del cerdo’ y funcionó en Bolonia y Padua. También calificó a la selección francesa de estar compuesta por “negros, musulmanes y comunistas”.
“Somos celtas y longobardos, no mierda levantina o mediterránea. Nosotros, la Padania blanca y cristiana”, afirmó el dirigente Borghezio (
ver video).
Por todo esto, y como colofón al toque felliniano que tiene esta historia, resulta más que llamativo que el fichaje de Ronaldinho al Milan, el equipo de Berlusconi en el corazón norte de la Liga, fuese una de las frutillas de la campaña electoral.
Entonces, ¿alguien explica para qué necesitan la mano de obra del brasileño con una sonrisa de moreno inmigrante en la
Padania blanca y cristiana?