Entrevista exclusiva con el portavoz del Sindicato Obrero Inmigrante
“Nos prohibieron manifestarnos por representar un ‘peligro terrorista’”
Gustavo Franco. Jesús Hidalgo lleva 36 horas sin probar bocado ni beber líquidos. Frente a la subdelegación del Gobierno en Jaén, es el único manifestante del Sindicato Obrero Inmigrante (SOI) que no teme el paso de los agentes de seguridad. No le pueden dar una orden de expulsión, porque es español. Pero sí a sus compañeros del SOI, 215 inmigrantes sin papeles que viven “en condiciones precarias”.
¿Cómo ha sido esta huelga?
Comenzó hace dos días, pero no creo que aguantaré mucho más tiempo. Llevo dos carteles para llamar la atención, pero nadie nos hace caso. Ni los grandes sindicatos, sólo algunas organizaciones y personas involucradas con la causa de los inmigrantes indocumentados.
¿Dónde están tus compañeros del SOI?
Escondidos, pues a 14 ya les dieron orden de expulsión y dos fueron deportados a su país. La mayoría vienen de Marruecos, Senegal, Mali... les da miedo aparecer frente a la subdelegación del Gobierno.
¿Qué te ha llevado a involucrarte con esta causa?
Siempre he ayudado a los inmigrantes, los he recibido en mi casa, he vivido con ellos. Pero hace dos años en un encuentro de activistas de varios países, decidimos conformar el SOI para alzar la voz contra la precariedad.
Sólo el 19 de diciembre pasado, cuando se modificó la Ley de Extranjería para permitir que también los extranjeros sin papeles pudieran sindicarse. Antes esto era ilegal, algo por cierto, totalmente injusto.
¿Han recibido presiones para no manifestarse?
Luego del 4 de febrero, cuando protestamos por la expulsión de unos compañeros, nos llegó el 18 una prohibición de manifestarnos por representar un ‘peligro terrorista’. Esto lo afirmaba en un escrito la subdelegación del Gobierno, que mintió al Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Según ellos, nos habíamos manifestado en 68 ocasiones. Cuando no habían pasado ni quince días.
¿Hay racismo en estas actitudes?
No lo han dicho así ni puedo afirmarlo, pero entonces un alto funcionario nos dijo que teníamos que ser conscientes de que “a muchos no les gusta ver a esta gente en la puerta”, refiriéndose a los compañeros que estaban frente a la Subdelegación, la mayoría negros.
¿Hubo consecuencias?
Nosotros pedimos un permiso para manifestarnos por 30 días, pero ellos nos prohibieron hacerlo durante seis meses.
¿Quién los apoya?
En total son más de 700, entre entidades, páginas web y personas interesadas en el drama que viven los extranjeros sin autorización de trabajo.
¿Tienen nexos con otras organizaciones europeas?
Hemos establecido contacto con uno de los líderes de la huelga de París, pero el idioma y la falta de medios, es un obstáculo para organizarnos. Ni siquiera tenemos página web.