Wilber Rico / Felipe Villa
Barcelona. Piedad Córdoba está en Barcelona en las VI Jornadas de la Taula Catalana per la Pau
(vea la agenda de actividades). Nos habla de su lucha por enfrentar el paramilitarismo en Colombia, de los impedimentos a un proceso de paz con la guerrilla de las FARC, de las amenazas en su contra, de su amistad con Hugo Chávez y de lo que siempre ha sostenido: que el actual gobierno del presidente Álvaro Uribe es un gobierno mafioso, ilegítimo y de que no tiene miedo de caer bajo las balas por denunciarlo ante la comunidad internacional. Primera parte de la entrevista exclusiva de TribunaLatina.com con la polémica senadora colombiana.
¿Por qué dijo que el ministro del Interior de Colombia la quiere asesinar?
Debido a mis declaraciones acerca del acuerdo humanitario, fui agredida por unas personas. Eso salió en los medios de comunicación de Colombia. El ministro del Interior, Carlos Holguín, dijo a esto que yo me lo merecía, pues me lo había buscado. Eso ha generado otras agresiones y es lo que él busca. Alejarme del proceso de paz. Es un hombre de la ultraderecha, de la más recalcitrante del país.
Usted ha manifestado, fuera del país, que en Colombia hay un narcogobierno. ¿Desde la bonanza “marimbera” (marihuana) de los años setenta, cree que era de esperarse eso, dado el estado de las cosas hoy?
Lo que he dicho es que es un Estado mafioso. No sólo por el fenómeno paramilitar, sino por el papel del narcotráfico en Colombia y la “cultura” que ha se generado y apoderado en la sociedad en su conjunto. El paramilitarismo surge como grupos de limpieza social del narcotráfico, y luego haciendo parte del proceso de la contrarreforma agraria de sectores aliados del narcotráfico y aliados con las fuerzas oscuras del ejército con lo que se ha buscado un modelo de país y de proyecto económico neoliberal.
El paramilitarismo logra, como nunca antes, un control total del Congreso y la aprobación de una serie de leyes y logran organizar una estrategia jurídica para quienes estén penalizados por estos delitos salgan como unos héroes. Y algo muy fundamental es cómo los empresarios logran armar toda esta consolidación del Estado mafioso, económico, social, político, en donde se logra estructurar el aparato paramilitar. Es una constante que hoy logra apoyar un presidente con un apoyo masivo. De no ser por ese apoyo paramilitar del Congreso en 2002 hubiera sido necesaria una segunda vuelta para la elección. Cosa que no se dio.
¿Usted cree que este proyecto paramilitar, del desplazamiento de campesinos a base de violencia, ha sido estudiado previamente con antelación o ha surgido espontáneamente?
No. Colombia es un país estratégicamente bien ubicado. Y tienen que ver con los proyectos de cultivos de palma africana, maíz y la producción de biocombustibles en zonas como el occidente y el Urabá de Antioquia, de donde es Álvaro Uribe. También con grandes empresarios como Ardila Lulle, quien acaba de inaugurar una planta de biocombustibles, y que tiene que ver con la preocupación de la escasez del petróleo. Para este proyecto son necesarias las mejores tierras de donde son desplazados los campesinos. Hablamos de cinco millones de hectáreas apropiadas por la fuerza. Es toda una contrarreforma a punta de bala.
Se dice que se está sembrando palma africana sobre las fosas comunes…
Es lo que se dice en el departamento de Sucre. Es toda una estrategia que tiene que ver con los megaproyectos del país, que son desapariciones, muertes, desplazamiento. Por eso quienes estamos en contra de eso, pues resultamos siendo hermanos de Bin Laden. Es la manera para darle a entender a la gente que somos los terroristas. A ese establecimiento le interesa a través de los medios, que son de ellos mismos, desprestigiarnos.
A pesar de estas detenciones en el Congreso, de las investigaciones de sus políticos amigos, ¿por qué Alvaro Uribe sigue teniendo alta popularidad?
Es el analfabetismo del siglo xxi, que tiene que ver con la incapacidad de la gente para saber la verdad. Los medios de comunicación le venden la verdad que el establecimiento quiera que se sepa. La gente cree que los 85 congresistas investigados, de los cuales 32 están encarcelados, no son de este país, que son de otro.
Alvaro Uribe ha nombrado en su gobierno a sus detractores en puestos claves. ¿Por qué aceptó usted ser nombrada mediadora del acuerdo humanitario?
Yo creía que había un estancamiento en el acuerdo humanitario por parte del Gobierno. Pero cuando uno está adentro se da cuenta de que no les interesa. En México yo dije a la comunidad internacional que cortaran relaciones con el gobierno actual de Colombia, que carece de estatura ética para gobernar. Uribe me hace la propuesta, la acepto pensando en que es una intención verdadera, pero él lo hace pensando en enganchar al presidente Hugo Chávez. Yo diría que caímos en una especie de trampa, pues el presidente estaba convencido de que yo hacía parte de las FARC. Que tenía los contactos y me harían seguimiento para dar con los cabecillas. Nunca lo he sido, y lo mismo pensaron del presidente de Venezuela. Se dio cuenta de que estábamos muy avanzados en este proceso con pruebas de supervivencia, de liberación de rehenes y de un posible proceso de paz. Eso daría al traste con su política de guerra.
¿Cree entonces que el bombardeo a Raúl Reyes lo tomó por sorpresa o Uribe lo sabía?
No. Él lo ordenó.
¿Por qué asesinar a un hombre clave como Reyes?
Uribe no quiere el acuerdo humanitario. La política de Uribe se desprende de la política del terrorismo de Bush. Tiene dos colofones: Plan Patriota y Plan Colombia. Uribe interpreta el acuerdo humanitario como una derrota de su política de Seguridad Democrática.
¿Entonces el ataque al campamento de las FARC en Ecuador, fue un ataque al proceso de paz, al acuerdo humanitario y a un posible canje de secuestrados?
Sí. Es un golpe al corazón del acuerdo humanitario.
¿Y está convencida de que la ubicación y ataque a Reyes fue gracias a una llamada que le hizo un funcionario francés a Uribe?
Y a los contactos que tenían.
¿En este momento en qué está el acuerdo humanitario después de lo que ha pasado?
No existe. Jamás ha existido para el gobierno. Pero para la perspectiva de nosotros el acuerdo sigue, incluso para las mismas FARC, porque el último comunicado de ellos es muy claro en ese sentido. Y nosotros debemos impulsarlo para que se dé. Pero yo personalmente no veo tan fácil un interés claro de la comunidad europea porque está muy lejos, hay unos intereses comerciales, porque hay una pelea entre Chávez y España, Francia no sabemos a qué lado juega; sólo le interesa Ingrid. A nosotros nos interesa todo, además de la paz. Si en cambio interesa a Latinoamérica, pues Colombia es un vecino incómodo.
¿Todo fue una parafernalia para dar con los cabecillas de las FARC?
Sí. Yo pensaba que en realidad estábamos trabajando por un acuerdo humanitario. Teníamos convencidos a la guerrilla con el despeje. Que lo menos importante era un despeje y que debería ser por asuntos más políticos como un proceso de paz. Eso iba para allá. Pero lo rompió Uribe.
Se ha sabido que algunos senadores norteamericanos se han acercado a las FARC para un posible canje de Simón Trinidad y Sonia por los tres norteamericanos secuestrados. ¿Es una clara muestra de que se está jugando sucio?
El Departamento de Estado sí juega doble, por un lado ofrecían dinero por las pruebas de supervivencia y por otro colabora con los bombardeos a las FARC.
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