José Jijón organizó su travesía de 16 días desde Noruega hasta la Latitud 90º, el centro geográfico del Polo Norte. Allí llegó hace horas a pie, con temperaturas de -75º C, y clavó la bandera de Ecuador. Es el único latino que está a punto de cumplir el 'Grand Slam' de los alpinistas: escalar las siete montañas más altas de cada continente y llegar a los dos polos. Pasen y lean...
-¿Cómo empezaste con esto?
-No fue por herencia, ya que en la familia Jijón no hubo ningún montañista. Mirá, la verdad me surgió de manera espontánea a los veinte y pico de años cuando un amigo (Santiago) me llevó al Chimborazo, un volcán cercano a Quito de 6.310 metros. Llegamos a la cumbre y fue una experiencia hermosa, intensa.
-Y te dedicaste de lleno.
-Después de acabar la Universidad (Psicología).
-Supongo que todo esto es muy caro.
-Por suerte tengo varias empresas que me apoyan. Además me dedico a dar charlas a grupos de trabajadores, sobre el trabajo en equipo, etcétera.
Este último viaje de Jijón comenzó a mediados de marzo, cuando decidió después de un período de descanso acercarse al techo del mapamundi. “Al llegar al Polo Norte me entrené con esquíes y el trineo en un hermoso campo glaciar. Por las noches me entretenía leyendo Macondo, de Gabriel García Márquez. Y en esos parajes me pasó una situación similar a la del libro. Conseguí olvidarme de lo cotidiano del tiempo y los problemas de la rutina”, explica.
-¿Cómo comías? Entiendo que no vas a un restaurante…
-Ja, claro. Sin embargo hay sitios preparados donde los precios ponen los pelos de punta. Una hamburguesa me cuesta 30 dólares, cuatro míseros tomates salen 20… un boleto de avión de una hora de duración para volver a Oslo cerca de 600 billetes verdes.
-¡Uy! Qué dolor en la billetera.
-Le doy insignificancia al valor del dinero. Cuando estoy en un lugar así recuerdo que en mi vida diaria en Ecuador me duele pagar dos dólares por un kilo de tomates, 20 para tanquear mi carro… y me la paso de queja en queja por la subida de las cosas. Siempre encontramos una razón para hacerlo, por ello creo que amo las aventuras. Allí sólo se piensa en vivir plenamente, disfrutar de los momentos porque pueden ser los últimos, y amar apasionadamente a la vida.
-¡Qué poético!
-No hay hielo polar que afecte el calor que siento en el corazón por hacer lo que mi voluntad me incita.
-¿Técnicamente cómo viajaste hasta ahí?
-Entré en la capa polar ártica vía un avión logístico Antonov ruso que despegó de la base científica Barneo. Desde ahí un helicóptero me llevó a la latitud 88 para empezar la marcha. La temperatura estaba a -75º Celcius, lo máximo que he vivido en mi vida.
-Uff…
- Caminé con mucho esfuerzo y 65 kilos de peso. Aunque había otros expedicionarios atravesé los campos de hielo marino casi siempre en soledad.
-¿Y llegaste a pie?
-Tras nueve días tuve que ser movilizado porque un brazo de mar abierto impedía el paso. La deriva o ‘drift’, que es el movimiento de la capa polar hacia el sur, era muy fuerte. Tras superarlo por aire caminé de nuevo, 30 horas sin parar. Pasé mucho miedo de quedarme dormido o de congelarme una extremidad. Por suerte logré llegar intacto. Plantar la bandera fue un momento importante de mi vida.
-¿Qué te queda por hacer?
-Mi meta es difundir las imágenes y la experiencia a la sociedad para motivarla. Quiero cumplir el mismo desafío en el Polo Sur para hacer el gran reto internacional conocido como Grand Slam, que es subir a las Siete Cumbres y los dos polos. Después de esto sólo me queda el del Sur.
La comunicación se acaba. “Tengo que regresar en el helicóptero y con el avión a Svalbard (Noruega). Vuelvo a Quito el 23 de abril debido a la enorme logística”, explica.
-¿Un último mensaje?
-La verdad que no me quedan fuerzas. Un saludo a todos y ¡viva Ecuador carajo!
Más información:
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Galería de fotos de José Jijón en su travesía por el Polo Norte.