Federico M. Winer
Barcelona, dale las gracias a la Argentina
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El barcelonismo estuvo en pie de guerra durante agosto por la convocatoria de Lionel Messi a la selección Argentina para los Juegos Olímpicos de Pekín.
La Junta de Laporta, mitad por convencimiento y otro tanto de cara a ganar puntos antes de la asamblea de compromisarios del día 24/8, entabló una guerra abierta que acabó con un fallo favorable del Tribunal de Arbitraje Superior (TAS) pero de nulo resultado. Lionel, tal su deseo inicial, se fue calladito a jugar con su país.
Claro que el delantero podría haber sufrido una lesión como su compañero Oscar Ustari (Getafe), quien estará ocho meses en la enfermería por una rotura de ligamento en la rodilla. Pero ese debe ser un riesgo asumible si se tiene en cuenta todo lo que ganó Messi en China.
Repasemos: con 21 años acumuló una importante experiencia internacional que le servirá para jugar en su club; también se encimbró en el centro de la órbita futbolística tras la holgada victoria sobre Brasil (3-0); un triunfo en el que tomó la posta que dejó vacante Ronaldinho tras su debacle deportiva.
Messi es Messi por lo que hizo en el Barcelona desde que dejó el filial en el 2004. Pero también, y acá está la clave, por ser el emblema de una selección top como la de Argentina. Sino, ¿cómo explica alguien que haya sido el 21/8 la tapa de Sport y El Mundo Deportivo? ¿Cuántas veces Samuel Eto'o tuvo ese privilegio por gritar goles con Camerún?
Las convocatorias internacionales tienen un mínimo riesgo, claro está. Pero al final favorecen más de lo que perjudican. Sería un buen gesto que el Camp Nou lo reconociera.