También hubo muchas ganas de pasarlo bien. La mitad del concierto la gente cantó a los gritos los grandes éxitos de los tacubos, como
María (tocada a petición del público) o la infaltable
Ingrata. Por momentos, quienes estaban en el segundo piso sentían bajo sus pies cómo se cimbraba el edificio con los saltos de los que abajo, emocionados y empapados en sudor, a falta de espacio para poder bailar pegaban brincos en su sitio con euforia.
Le faltó tiempo a la audiencia, que no quería que el grupo se fuera así como así (la última vez que Café Tacuba pisó Barcelona fue hace cuatro años, el día de la clausura del Forum de las Culturas, en la Rambla del Raval), pero la sala tenía otro evento justo después y obligó a acortar.
Hacia el final de los bises, el grupo tocó sólo canciones que le pedían los que estaban cerca del escenario, y así fue como se escucharon temas como
Las Persianas y la versión tacuba de
Cómo te extraño, de Leo Dan.
Al final, el pequeño y jiribilloso líder tacubo, Rubén Albarrán, también tuvo palabras para el endurecimiento de las leyes europeas contra la inmigración: “Las fronteras las hicieron gentes que están mal de la cabeza. Uno es de donde está (...) No se sientan lejos, la patria se lleva aquí”, dijo, señalándose el corazón y levantando el rugido del público, que a esas alturas ya estaba entregado por completo.
Café Tacuba viene de presentarse en el Rock in Rio de Madrid; La Mar de Músicas de Cartagena (Murcia), y se presentará en el Festival Cultura Quente de Caldas de Rei (Pontevedra, Galicia), el 12 de julio, y en la Expo Zaragoza el 13 de julio, donde termina su gira española para saltar a Japón y Estados Unidos.