Rafael Monroy González. Dos grandes nombres latinos, el empresario mexicano Carlos Slim Helú y la cantante colombiana Shakira, anunciaron que el dueño del Grupo Carso dona a la Fundación ALAS 110 millones de dólares, que se destinarán a proyectos para combatir la pobreza en el continente americano.
A esta iniciativa, cuyo acto más emblemático serán los
dos megaconciertos del sábado 17 de mayo en Buenos Aires y México, DF, se sumó el multimillonario estadounidense Warren Buffet, quien también hizo una aportación, de 85 millones de dólares. Ambas donaciones millonarias se suman a la pequeña pero no menos signifivativa cantidad de 5 millones de dólares que la Fundación ALAS logró recaudar de distintas fuentes. En total, se anunció que los donativos suman 200 millones de dólares (129,2 millones de euros).
La encargada del anuncio fue Shakira, quien posó con los dos multimillonarios para la foto que fue difundida en todo el mundo, pero también estaban presentes Miguel Bosé, David Bisbal, Emmanuel, Lucero, Sasha, Benny Ibarra, Los Tigres del Norte, Tania Libertad y Diego Torres.
Un filántropo casi anónimo
Carlos Slim llegó a los titulares de la prensa internacional hace casi un año, cuando
un economista mexicano calculó el valor de las empresas y propiedades del empresario y estimó que es el hombre más rico del mundo, aunque en el ránking de la revista
Forbes aparece como el segundo más rico, después de Bill Gates.
Como quiera que sea, pese a su fortuna Slim goza de buena imagen pública en México. Todos saben que no heredó el imperio que hoy tiene, sino que lo construyó honradamente, y esto tiene peso en un país donde una de las máximas populares es “El que no transa (el que no hace trampa) no avanza”. Se sabe que a principios de la década de los años 80, cuando el país pasaba una de sus peores crisis recientes, Slim era un tipo que seguía invirtiendo en empresas en México y a la vez conducía un coche viejo y comía en los restaurantes de la cadena donde tiene acciones (Sanborn’s).
A Slim, descendiente de inmigrantes libaneses (padre y abuelos maternos), nunca le ha gustado que su vida privada se ventile en la prensa. Apenas hace unos años que se empezó a animar a aparecer en conferencias y actos como parte del presidium, pero siempre intentando pasar desapercibido.
Para las elecciones presidenciales pasadas, en las que ganó muy ajustadamente Felipe Calderón, un sector amplio de la población mexicana veía con buenos ojos que Slim se postulara a la Presidencia de la República. Pero el empresario cortó de tajo los rumores afirmando que no le interesaba la política.
Lo que contrasta con ese carácter reservado es la cantidad de proyectos que este hombre ha llevado a cabo con al menos tres fundaciones propias: Fundación Carso A.C., Fundación Telmex y Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México, además de haber creado el Museo Soumaya, el Centro de Estudios de Historia de México Carso, la Asociación de Superación por México A.C. y los institutos Carso de Salud, Educación y Deporte en Latinoamérica.
Pero esto tampoco ha sido un obstáculo para colaborar con proyectos de otras fundaciones ajenas a él, como la mencionada ALAS y la Fundación Clinton.
Para saber qué hace cada una de las fundaciones y asociaciones de Carlos Slim, se puede visitar la página
www.carlosslim.com/responsabilidad.htm