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tribuna Latina
2 concurso cuento corto
Los 5 primeros clasificados de la categoría 2ª edición Tu Cuento Vale
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PREMIOS
CATEGORÍA JÓVENES


Ganador: 3.000 euros

Se entregarán además dos menciones de honor.
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PREMIO DEL PÚBLICO

Hasta 13 años
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Carlos Dan, 25 años, Chile
tu cuento vale
Cornelio
Esta historia transcurre en Valdivia, al sur de Chile, la lluviosa ciudad donde estudié para profesor de castellano, entre juergas juveniles y olor a verde oscuro.

Conocí a Bridge en el boulevard del completo, como le decíamos a la típica callecita repleta de sucuchos de comida rápida donde satisfacíamos nuestra hambre quienes estábamos demasiado ocupados salvando el mundo, bebiendo cerveza, haciendo la revolución, como para preocuparnos de comer. Al verle la cara de gringo, algo embriagado sentí ganas de desparramarle ínfulas tontas. “Eh, gringo, esto sí que es un tour cultural. Estos italianos son lo mejor y más representativo de nuestra cultura. Qué carajo las empanadas, los porotos y toda la españolada antes de. En ninguna otra parte te puedes comer una vienesa tan perfectamente combinada, ustedes los gringos a la porquería de salchicha le ponen más porquerías, ketchup y salsas; los otros sudacas y sus pobres panchos. Ya ves: tomate, palta, mayo; verde, blanco y rojo; cómo podría ser mejor una salchicha que italiana.” Bridge me miró algo desencajado, pero pronto se río y yo me reí con él. Le invité una cerveza. Hizo bromas sobre como iba corroborando la embriaguez característica de Latinoamérica que le habían enseñado en su facultad, Bridge estudiaba algún punto intermedio entre la sociología y la antropología. Y me contó que había llegado hace un par de semanas como estudiante de intercambio. Yo ya tenía sueño y escuchar hablar al gringo de sociología me daba más sueño aún, así que me despedí pronto.

Pero continuamos juntándonos, encontrándonos en la universidad, caminando por el bosque, compartiéndonos, conociéndonos. Hasta que lo llevé a vivir a mi pensión porque donde estaba le habían visto la cara de gringo y le cobraban muy caro, en la mía le cobraban menos de la mitad que allá, así el dinero que le sobraba lo podíamos ocupar en asuntos más felices. Como por ejemplo en hacer el viaje a Chiloé que tanto obsesionaba a Bridge. Para él se trataba de una isla donde aún se hablaba de brujos y tal vez hasta los había, para mí él le ponía mucho color. Decía querer hacer un estudio acerca de la brujería en Chiloé, yo le decía que no necesitaba excusar todos sus viajes con lo del estudio, pero él parecía tomárselo en serio, no que pusiera cara de burócrata, pero sí que le salía del corazón lo de estudiar.

Entonces con las monedas que a Bridge le sobraron del arriendo partimos a Chiloé a “estudiar”. Directo a Quicaví que es donde nos dijeron que estaba algo así como la guarida de los brujos, una islita desmembrada de la Isla Grande a la que tuvimos que cruzar en balsa. Cuando Bridge preguntaba algo a los oriundos éstos lo miraban con cara de huraños, como diciéndole, “Ya, vale, gringo, estamos hartos de tus cuestionarios”; así que decidimos cambiar de estrategia, Bridge se quedó calladito y yo hice las preguntas. De todas formas no fue fácil, pero examinando las pistas y atando cabos llegamos a un palafito pintado de violeta, hogar de un presunto brujo. Se trataba de un hombre mayor con ligeros rasgos huilliches, un hombre en apariencia nada diferente a la mayoría de los que habitan la isla. Pero las diferencias no se hicieron esperar. Con gestos nos hizo pasar a su casa y nos acercó a cada uno un vaso de agua y nada más, cosa bastante singular, puesto ya nos acostumbrábamos a que los lugareños nos atendieran copiosamente con ricos alimentos campesinos. Ni yo ni Bridge nos atrevimos a romper el silencio, pero me palpitaban los nervios. La primeras palabras del presunto brujo me las dirigió a mí, mirándome los ojos: “Profesor de Castellano”. Me imaginé reír, pero quedé más mudo que antes. Bridge sí que río. 

– ¿De qué te ríes, gringuito?

- Me llamo Bridge, ¿Y tú?

- No te he preguntado como te llamas, mi nombre es Cornelio, ¿De qué te ríes?

Pero Cornelio no estaba enojado, sólo quería que Bridge le dijera de qué se reía y como Bridge le respondiera que no sabía de qué Cornelio se enojó y ya no le volvió a preguntar sino que lo sermoneó:

“Tú no te ríes de nada. Para ustedes nosotros no somos nada. O somos la misma maldad. Lo cierto es que no somos algo en particular ni somos la bondad. Pero ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario.“

No sé porque las palabras “Profesor de Castellano” me dieron tanto miedo, puede parecer absurdo, pero mi corazón y mis pensamientos parecieron detenerse, fui todo ojos, todo oídos, toda atención, todo alerta.

Bridge le dijo que él reconocía no tener absoluta idea de dónde estaba metido y poder tener prejuicios al respecto, pero que estaba ahí por curiosidad. A lo que Cornelio le respondió:

“¿Y acaso no sabes tú que la curiosidad mató al gato?

Por otro lado, sin ella no tendríamos nada significativo. Pero, ¿para qué querríamos algo significativo? Mira, yo te voy a contar algo significativo, porque eso es lo que andas buscando, ¿no?.

Hay dos grandes serpientes que habitan las profundidades de todo esto. Es un cuento conocido. Se trata de Caicaivilu y Trentrenvilu, dos sendos monstruos del mar y la tierra respectivamente. Se dice que un día Caicai se enfureció con los habitantes de esta tierra y sacudió las aguas, cataclismo, cataplum. Entonces Trentren defendió a los hombres sobre la tierra porque esa era su misión. Los transformó en pájaros, en peces, elevó las tierras. Y en la convulsionada lucha de estas bestias de la tierra brotaron cordilleras, se desmembró el continente formando el archipiélago de Chiloé donde estamos parados.

Ahora algunos dicen que Caicai era mala y Tretren buena. Que de pronto Caicai se despertó de malas pulgas y desahogó su porquería con los pobres humanos. O que se puso celosa de Trentren porque... tú sabes. Lo cierto es que entonces los humanos eran unos desgraciados, es decir, sin gracia, desagradecidos con Caicai. Le robaban y le robaban a la Mar su rica vida y nada le devolvían a cambio. Sin embargo preparaban cuidadosamente sus rituales de retribución para la Tierra. Mas Caicai es un monstruo malnacido. ¿Cierto?”

Y esto último lo dijo mirándonos a los ojos, primero a mí y luego a Bridge, que luego me miró a mí como si no entendiera mucho. Cornelio subió el tono de pronto y se empezaba a desfigurar.

“Imagínense, pendejos, si las bestias partieron la Tierra entonces por el desagradecimiento de los hombres de entonces qué tiritera armarían por el desagradecimiento de los hombres de hoy. Cómo responderá el cielo a nuestros pensamientos como humo negro, cómo responderá la Tierra que han descuerado para sembrar hambre, y cómo despertará Caicai al verse llena de salmoneras emanando cochinadas. Luego los salmones se enferman y mueren porque viven en la inmundicia y traen a miles de expertos científicos con las caras pálidas como tú, Bridge, para que averigüen de dónde viene la enfermedad. Dirán que viene de China o de Finlandia que es como decir que viene de los brujos o del diablo. Así es, pendejos malparidos”.

Entonces yo me paré y salí por la puerta sin decir nada. Bridge estaba excitado y muy contento con los insultos al parecer, quiso pagarle al viejo por su labor de informante, pero el hombre le dijo que para qué el iba a querer esa mugre. Yo lo llamé de afuera para que nos alejáramos, no quería estar más cerca de ahí. Desde dentro del palafito escuché que me gritaba: “¡Profesor de Castellano!” Bridge se rió y yo me reí con él. Volvimos a la Isla Grande esa tarde y pasamos la noche en un hostal. Al día siguiente volví a Valdivia, Bridge se quedó. Nunca más volvió a casa.

A veces creo verlo deambulando por el boulevard del completo, pero nunca logro pillarlo.

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