Me llamo David López. Nací, crecí, estudié y trabajé en Bogotá (Colombia). Hace poco más de un año vine a estudiar a los Estados Unidos, donde ahora trabajo.
Tal vez a los trece o catorce años descubrí que tenía sentimientos especiales por las letras; en cierto momento pensé en estudiar literatura como carrera, pero los consejos de mis padres (y gran parte de mis inclinaciones) apuntaban a otra dirección. Desde entonces ha sido una relación pendular; durante breves temporadas leer literatura es lo único que me interesa, durante otras sólo encuentro placer en los temas de mi profesión.
De autores, al que más admiro es a Dostoievsky, aunque no fue él el autor de mis libros favoritos. Entre libros, “Don Quijote” siempre guarda un especial lugar, pero “La Iliada” define el horizonte.
Estoy muy lejos de considerarme alguien con experiencia en el tema de la inmigración (emigración) (a pesar de mi situación actual). Son muchas las razones por las cuales el tema de la diversidad me interesa, envuelve y afecta, pero creo que uno de esos momentos en que se abren los ojos o se marca un hito me vino tras leer el ensayo “El Multiculturalismo” del filósofo canadiense Charles Taylor.
(La foto que adjunto es una foto de un momento cotidiano. Durante quince o veinte minutos intenté, inútilmente, doblar la mesa plegable que está en el suelo. Después de mis largos intentos alguien se acercó y en un parpadeo solucionó el problema. Me inclino a pensar que eso ocurrió porque yo ya había aflojado las resistencias).
Para ir al cuento con el que David se llevó el tercer premio,
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