Barcelona. La larga lucha contra la desigualdad de género esta vez tiene un frente abierta en ciudad de Barcelona. El primer Informe de la Salud de la Población Inmigrante, realizado por la
Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB), revela que las mujeres inmigrantes se llevan la peor parte. Todas las estadísticas, resultado de una encuesta a seis mil personas en todos los distritos de la Ciudad Condal, certifican que los principales males sufridos por este colectivo son los dolores de espalda, migraña, ansiedad y depresión.
“El trabajo doméstico es más pesado de lo que se cree y el estudio nos dice que las mujeres trabajan fuera y en casa”, aseguraron fuentes de la Agencia. De esta manera, es como el 39,3% de las mujeres extranjeras de países extracomunitarios hacen solas las tareas domésticas, a pesar que tener parejas. Y aunque en promedio son más jóvenes, el 25,8% de ellas declararon que su salud es mala o regular.
Uno de los mitos sobre los nuevos residentes es que supuestamente utilizan más los servicios sanitarios que los nativos. Pero el trabajo de la ASPB concluye que la “utilización de servicios de salud de la población inmigrante no difiere de la autóctona”.
Graciela Balbuena Gambasica, llegó a España en el año 2003. Ella proviene de la provincia de Arequipa (Perú), y vino a través de la reagrupación familiar que le gestionó una de sus hijas. “En Perú me sentía muy sola y mis hijos decidieron traerme, y así también les ayudo con mis nietos”. Para Graciela que reside en la localidad de Sabadell, y asiste con cierta regularidad a su visita con el médico de cabecera, porque tiene problemas de tensión y colesterol, su valoración con respeto a la atención médica es positiva, aunque señala que para visitarse con el traumatólogo ha tenido que esperar cerca de cuatro meses.
“En Perú iba muy poco al médico, pero aquí, por obligación tengo que asistir una media de 2 veces al mes, porque me tienen que hacer chequeos y controles”, explica. Para Graciela uno de los grandes problemas de la sanidad pública y que generan la idea que el sistema se colapsa, es debido a la falta de profesionales y que hoy en día las personas van al médico hasta por un dolor de uñas.
La apreciación que Naima Ehtallay, tiene de la sanidad pública igualmente es positiva, aunque confiesa que cuando llegó de la ciudad de Nador (Marruecos), se abstuvo de ir al médico por las barreras lingüísticas. “Al principio era difícil, sobretodo cuando tenía que llevar a alguno de mis hijos al centro de salud, porque aunque algunos médicos hacían el esfuerzo por comprendernos, era complicado”.
Actualmente ella reside, junto con su esposo y sus hijos de 10 y 13 años en la localidad de Montcada i Reixac, y coincide con Graciela en las largas listas de espera para obtener una consulta con un especialista, pero además puntualiza en que los médicos visitan a cada paciente en 4 o cinco minutos y cree que ello no da tiempo a que se efectué un buen diagnostico.
Tanto Graciela como Naima, utilizan con más regularidad el servicio de pediatría y la visita con el médico de cabecera.
Natalidad y embarazo adolescente
Si bien el 82,2 por ciento del aumento global de nacimientos en la ciudad corresponde al colectivo extranjero, éstas también fueron las que menos hicieron un control del embarazo y usaron menos los servicios de ecografías, ginecología y pruebas invasivas. Además, tienen los pulmones más sanos: las madres fueron fumadoras en menor proporción que las autóctonas.
Las ecuatorianas y bolivianas se llevan los primeros lugares en cuanto a natalidad entre las latinoamericanas. Fueron las más fértiles, especialmente en la franja de edad de 18 y 19 años. Las primeras con una tasa de 83,5 nacimientos por cada mil mujeres, detrás sólo por las rumanas (129,9) y seguidas de lejos por las bolivianas (61,7). Podría esto estar relacionado con la educación sexual y la prevención, pues apenas lideran también la proporción de embarazos adolescentes.
El aborto voluntario también fue una características de las mujeres de estos dos países andinos. Preocupante de manera especial entre las más jóvenes (12-17 años), donde la distancia es amplia respecto a los todas, inmigrantes y españolas, sólo superadas por las provenientes del África subsahariana.
“Aunque en general los jovenes son más abiertos a tratar el tema de la sexualidad, hay que seguir trabajando. Hacemos énfasis en un cambio de actitud, a través del diálogo, sin juzgar a nadie”, explicó Bárbara Souza, responsable de los talleres semanales sobre sexualidad que se realizan en Fedelatina en convenio con la ASPB desde hace un año.

Bárbara Souza
Souza participó en la presentación del Informe el viernes pasado, que se dará a conocer al público esta semana. Allí se habló también de otro de los resultados: la escasas planificación de los embarazos en general (56,6% de las extranjeras extracomunitarias, frente al 82,6% de las autóctonas) y la precariedad de la situación laboral de quienes deciden dar a luz a los nuevos catalanes. A más del doble que las nativas, un 26.6%, la maternidad les provoca un cambio de lugar de trabajo.
Redacción Tribuna Latina
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