Rafael Monroy González. El término Educación para el desarrollo está ligado al de Cooperación para el desarrollo, pues aquél forma parte de las estrategias que ésta utiliza para mejorar la calidad de vida de las personas en países pobres, o de las personas pobres en países ricos.
La Fundación Intervida publica un documento en el que explica que el significado de cooperar ha cambiado en algunas décadas y, por tanto, las acciones que las ONG desarrollaban también han ido transformándose: de actos caritativos a tareas que dignifiquen a las personas que reciben esa ayuda; de la pura denuncia de condiciones de injusticia al fomento de la responsabilidad y el compromiso social.
Una de las características de la Educación para el desarrollo es la consideración de factores como el género, el medio ambiente o el consumo responsable en la vida cotidiana de todos los pueblos del mundo, apartándose del arraigado supuesto de que desarrollo es únicamente riqueza económica y tecnología.
Por lo tanto, la Fundación Intervida afirma que “la Educación para el Desarrollo va más allá de la sensibilización puntual, la captación de fondos o las políticas de marketing; representa una dimensión más profunda en un proceso que busca ahondar en el análisis y la comprensión de las causas de las relaciones desiguales entre Norte y Sur”.
Y agrega que “se trata de acciones planificadas a medio y largo plazo que tienen como objetivo la transformación de los discursos, saberes y prácticas”.
El documento explicativo de este cambio en el modelo de cooperación se puede descargar en
www.intervida.org