Dorelia Barahona Riera
Efecto bicarbonato
La semana pasada asistí a varias conferencias sobre la crisis financiera y sus efectos en Costa Rica, dadas por especialistas en la materia.
Muy inteligentes todos los expositores, algunos verdaderas estrellas en el arte de comunicar ideas por medio de metáforas divertidas, que iban desde el efecto tequila, al efecto cacique, en un ir y venir coqueto de conceptos y gráficos. Imaginé que ese expositor bien podría ser un divertidísimo bartender, de esos a los que se les puede contar la vida en una noche solitaria y le suben la moral a cualquiera a golpe de refranes. Pero la economía es más que la habilidad para contener memorísticamente datos, al estilo Simónides, de varios de los expositores, o entretener a un público, pensé. El efecto tequila me recordó que necesita del bebedor… ¿las relaciones de lo humano donde estaban?
Otros expositores mencionaron la palabra cleptocracia en una búsqueda de castigo al sector estatal o al empresarial, pero recordé que el castigo nunca ha servido de mucho cuando se hace generalizadamente como en la Inquisición, porque los verdaderos culpables se las ingenian para terminar siendo los verdugos. Si de castigo se trata, que sea a los que han acumulado capital gracias a estas burbujas falsas de un mercado salvaje, y no, como se pretende inclusive en el plan nacional llamado “escudo”, o canasto, como dijo otro brillante expositor, reducir y recortar a quienes ni siquiera se toman un tequila. Y en esas me incluyo, porque las mujeres, como bien dijeron todos los expositores, nos veremos más afectadas, así como el resto de los grupos marginados de la sociedad.
Entonces pensé en las lecturas financieras, más allá de las entelequias sobre el dinero y el capital y las crisis cíclicas, típicas del sistema económico capitalista: me hacía falta la lectura humana sobre el poder y sobre el último peldaño de valores de la humanidad occidental moderna: el consumo.
Nadie habló de la diferencia entre consumo y aprecio. Y es fundamental. Se trata de la educación con la que ponemos al ser humano en medio de la red del pensamiento por donde se trafica el hambre del mundo, el petróleo del mundo, el tráfico de personas y la crisis climática, entre otras batallas. Y eso sí es parte de la economía como reflexión de pensamiento, además de ser ciencia productora de ciertos valores de utilidad.
La ética utilitaria también tiene su racionalidad, sus leyes, pero sólo cuando se mira como parte de un todo social, no como una habilidad para hacer del mercado LA GANANCIA.
Sigue siendo el ser humano el que le pone el “espíritu” a los sistemas, el que le pone las determinaciones éticas y los valores. No al revés. Efecto bicarbonato, pensé que podría decir, si se me permite copiar la iniciativa, porque el efecto tequila siempre necesitará de un bebedor.