No había miedo, pero sí mucha prudencia. El partido de ida de estos octavos, en Stuttgart, vivió quizás los 45 peores minutos del Barça desde que Guaridola es el entrenador. El 1-1 parcial era un buen resultado, pero lo dejaba todo en el aire. Además, Xavi se lesionaba a última hora y, por encima de todo, había la presión de no caer en la misma eliminatoria que el Madrid después de haberse estado riendo de los blancos toda una semana.
Los ingredientes ideales para que al culé, sufridor por naturaleza, le cogiera un ataque de nervios. Pero a la hora de la verdad todo ha ido como una seda. El Barça, como había anunciado Guardiola, ha salido mandando en el campo, sin especular con el resultado, combinando y tocando con paciencia, pero siempre con la portería del excéntrico Lehmann en la cabeza. Y con la enésima novedad táctica de un Guardiola que huye del estancamiento como de la peste: el tan discutido Henry, titular en lugar de Ibrahimovic, intercambiando constantemente la posición con Messi y Pedro, de manera que los defensas alemanes no tuvieran una referencia clara.
Seguir leyendo...