Gustavo Franco
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Cuando llegó a Holanda hace 16 años con su padre, un imán de Marruecos, sus prioridades como adolescente eran aprender a convivir en un país donde todo era muy distinto a su tierra natal. En 1976 tal vez las cosas habrían sido más fáciles, con menos inmigrantes que hoy y con una situación económica más holgada que la de una Europa con Centros de Internamiento para Extranjeros.
El joven extranjero se hizo periodista y entró en contacto con la vida política local de Amsterdam. Una ciudad que 500 años después de haber recibido a los judíos expulsados de España, hoy acoge con normalidad a un alcalde musulmán en plena era marcada por la guerra contra el terrorismo. “No excluir a ningún grupo”, era uno de sus reclamos como concejal de educación, informó Radio Nederland antes de su elección como alcalde de Rotterdam.
Con 47 años, Ahmed Abdoutaleb es el nuevo gobernante del primer puerto de Europa. Una urbe con casi la mitad (47% de sus 600.000 habitantes) de población extranjera, la segunda de Holanda. Todo un reto para lidiar con la integración de entre 160 y 170 nacionalidades diferentes, donde el partido conservador Holanda Habitable, es la segunda fuerza política. Una agrupación a la que pertenecía el asesinado Pim Fortuijn, conocido por manifiesto malestar ante la sociedad multicultural.
Hasta ahora secretario de Estado de Asuntos Sociales, Abdoutaleb estudió ingeniería de telecomunicaciones y es defensor de la negociación en el oficio político, “una característica esencial del islam”, aseguró. Pero no ha sido así en cuestiones de intolerancia, que ocasionalmente tensionan los hilos de la convivencia, como cuando criticó a los defensores del joven radical marroquí que asesinó al cineasta Theo van Gogh en el 2004. Van Gogh fue el realizador de ‘Submission’, una película sobre el Corán y la sumisión de la mujer, basada en el guión de una parlamentaria somalí, Ayaan Hirsi Ali, rostro visible de la lucha por la igualdad de las mujeres en las sociedades islamistas.
El próximo alcalde de Rotterdam no tuvo temor de cuestionar algunos sectores de la inmigración marroquí, al expresar que aquellos que simpatizaban con el asesino de van Gogh, debían abandonar Holanda cuanto antes. Criticado por una parte de los marroquíes, por representar supuestamente los “intereses occidentales” y también por partidos de derechas, que ponen en entredicho su doble ciudadanía. Marruecos no permite que sus nacionales renuncien a la nacionalidad, por lo que Abdoutaleb conserva el pasaporte holandés y el marroquí.
Su más acérrimo adversario es el líder del partido de extrema derecha PVV (Partido por la Libertad), Geert Wilders, para quien el nombramiento “es tan ridículo como nombrar a un holandés alcalde de La Meca”. “Con él como alcalde, pronto Rotterdam será la Rabat junto al río Mosa. Pronto tendremos a un imán como arzobispo. Esto es de locos”, añadió Wilders.
Reticencias étnicas aparte, el nuevo alcalde goza de una buena reputación. Para su compañero de partido Job Cohen, alcalde de Amsterdam y de confesión judía, es una persona “altamente capaz”, informó DPA. Entre la comunidad marroquí representa un modelo de conducta para los marroquíes, habiendo demostrado hasta dónde puede llegar un inmigrante con trabajo y participación , según Farid Azarkan, de la Asociación de Marroquíes. Pero la designación representa más que eso. Así lo cree Khalid Chokat, director del Festival de Cine Árabe, que ve en Abdoutaleb la oportunidad para que genere un cambio en la percepción negativa que tienen muchos holandeses sobre este colectivo.
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