Redacción Tribuna Latina. Michael Jackson se embarcó en un viaje de autodestrucción que nadie pudo detener. A través de las confesiones de sus más íntimos (ex niñera, ex esposa, médico personal) se han ido descubriendo las miserias, la fragilidad y la cruel soledad que encerraban al artista más premiado de la historia (405 galardones).
Hoy se reveló que al momento de morir, Michael pesaba 51 kilogramos (el peso de un niño de 11 años), que estaba casi calvo, que en su estómago sólo tenía pastillas a medio diluir, el tabique nasal se había evaporado, presentaba 13 cicatrices de operaciones estéticas, y sus hombros, muslos y caderas estaban marcados con pinchazos de jeringuilla. El estado del cantante debe ser tan lamentable, que una fuente cercana al equipo médico que le practicó la autopsia aseguró que “la familia se sentirá destrozada”.
Michael se embarcó en un viaje autodestructivo tan intenso, que su muerte se había convertido en algo previsible. Grace Rwaramba, niñera de los tres hijos del artista durante más de una década, confesó hoy al periódico The Sunday Times que regularmente se veía obligada a realizarle lavados de estómago para que expulsara la peligrosa mezcla de medicamentos que solía ingerir.
Según Rwaramba, había épocas en las que Michael “estaba tan enganchado que yo no le dejaba ver a los niños”. Y añadió que “solía comer muy poco y mezclar todo tipo de sustancias”. Podía tomar hasta ocho tipos diferentes de fármacos al día, entre ellos tres analgésicos narcóticos.
Rwaramba se percató de que algo grave podía sucederle al cantante si continuaba ingiriendo tal cantidad de pastillas, de modo que alertó a la madre de Michel, Katherina, y a su hermana La Toya. Michael se lo tomó muy mal y la llegó a acusar de ‘traidora’. ‘No quería escuchar a nadie, esa fue una de las veces que me invitó a irme’, recordó Rwaramba.
Los más allegados al entorno del artista creen que estaba demasiado estresado por la serie de 50 conciertos que tenía programado presentar a partir de julio en Londres. Sin embargo, la niñera cree que ni él mismo sabía el número de conciertos que tenía: “Le dije ¿50 actuaciones? ¿Qué estás haciendo? Él me respondió que sólo había firmado 10. No sabía ni lo que había firmado. Nunca lo ha hecho”, apuntilló Grace.
Otra de las confesiones que seguramente entristecerá a los seguidores de Michael es que en algún tiempo no tenía dinero ni para pagar la tarta de cumpleaños de su hija. “Michael estaba arruinado. Tuve que comprarle yo misma la tarta de cumpleaños a la niña. Lo hice con mi propia tarjeta de crédito”, añadió Rwaramba.
En definitiva, el viaje autodestructivo de Michael sólo tenía un final previsible si nadie lo detenía, y nadie lo detuvo. Paradojas de la fama: un hombre que murió atropellado por su propia sensación de soledad y más allá de los muros de su encierro, millones de personas habrían sacrificado cualquier cosa a cambio de dos minutos con el rey del pop.
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