Opinión
La cara ética de la política: primero la persona luego el voto
Guillermo Ángeles Fernández*
Durante una entrevista a Josep Antoni Duran i Lleida, en una radio local, escuché algo que me llamó poderosamente la atención. Este ilustre político de la escena nacional, en respuesta a una pregunta formulada por la conductora, en torno a la participación política de los nuevos catalanes, textualmente dijo que a él,"primero le importa la persona y luego el voto”.
Si ponemos atención, a esta frase aparentemente inocua, podemos advertir una profunda connotación axiológica que sustenta su pensamiento, basado en el carácter ético de la participación en política y sobre todo enfatizar aquel valor subjetivo que le enaltece al preconizarlo, que no todo vale para llegar a un fin.
Esta reflexión viene bien, más aún cuando estamos ad portas de dos procesos electorales – elecciones autonómicas y municipales – en Cataluña, donde unos por el ejercicio de la ciudadanía española y otros por acuerdos de reciprocidad entre el Reino de España y sus países de orígenes, podrán expresar su voluntad en las urnas. Como es de esperar, ello motivará a que los representantes de los partidos políticos generen espacios de proximidad para intentar llegar con sus alocuciones, directo a un objetivo, pedir el voto, algo muy típico en épocas de campaña electoral.
Tampoco ha de sorprender que muchos lleguen ataviados de un discurso sentimental y afán paternalista, que en principio deberíamos rechazar. Pero bueno, no pidamos peras al olmo como reza un viejo adagio popular, no obstante ello, asumiendo un optimismo recatado y apelando a la inteligencia de los políticos, abrigamos la esperanza que no se decanten por discurso del facilismo, al mundo solo de derechos, al populismo, a la demagogia al final de cuentas, que en el balance social solo nos creará perjuicios. No queremos que nos regalen nada. Por el contrario somos de la posición que el discurso debe estar impregnada de ética política, regidas por principios y normas de acción que orienten su comportamiento, que denuncien los tópicos tejidos en torno a la inmigración que más de un problema de conflicto social ha traído, que reconozcan el valor de este ser humano como persona, y luego como ciudadano. Solo así, en el futuro abordaremos con normalidad temas como el respeto, la participación y la convivencia democrática.
La diáspora latinoamericana ha adoptado como su segunda patria a Cataluña, a la que ha abrazado con especial expectación al asumir esta nueva responsabilidad. Porque ya no podrán elegir sin nosotros. Y ello debe llevarnos a reflexión, si bien es cierto, no está en discusión los aportes inestimables de la integración ciudadana cuya expresión suprema se funda en el derecho al sufragio, la clase política debe complementar este mensaje revalorando a la persona como tal, subrayar su incorporación como parte de esta comunidad política, la cultura del esfuerzo seña de identidad de una inmigración pujante, a la familia como célula fundamental de la sociedad, sus creencias religiosas como el soporte espiritual de la vida familiar, todo ello también es construir una sociedad más justa y libre. No solo es el voto, debe regir la prevalencia de la persona como eje central en el discurso.
Debemos superar el notable, en especial la clase política, elevar el discurso e impregnarle no solo civismo sino ética a la política. Así podremos otear al futuro y advertir que la democracia de nuestro país –Cataluña- avanza seguro y con excelente salud. Ello indiscutiblemente se verá reflejado en la participación de los nuevos ciudadanos en la elección de los gobernantes en las ciudades donde viven, desterrando definitivamente de su diccionario la palabra indiferencia. La democracia será tangible al vernos todos representados y en su esencia robustecida.
Recordar amigo lector, primero la persona luego el voto.
*Guillermo Ángeles Fernández es Secretario de Inmigración-Integración de Unió Democrática de Cataluña.