Mariana Cantero. El CEIP Mestre Morera de Ciudad Meridiana, un barrio de los suburbios de Barcelona, escolariza a unos 214 niños. 65% de ellos son de origen inmigrante y han pasado por alguna de sus dos aulas de acogida. Ahora la escuela ha sido premiada por la Fundació Lluís Carulla, debido a su particular filosofía a la hora de concebir la educación. “Se trata de intentar dar a cada niño las herramientas necesarias para que puedan ordenar y atender su desarrollo personal integral”, resume la directora del centro, Noemí Rocabert. Parten de la base de que la escuela es “un laboratorio abierto”, donde se hace una constante “investigación colectiva”.
En este momento el Mestre Morera tiene un aula de acogida centrada en la lengua como materia y otra que desarrolla un proyecto de filosofía. Además, hay unas horas dedicadas a los menores que están condicionados por algún duelo de pérdida, ya sea migratorio o por otro motivo.
“Hacemos un proyecto basado en una manera de entender la educación y la convivencia que resalta el beneficio de compartir las experiencias que cada uno trae, siempre desde el razonamiento”, explica Rocabert.
La iniciativa nació hace unos seis años, cuando se pusieron en marcha las aulas de acogida. “Empezamos atendiendo a los niños recién llegados por la cuestión de la lengua, pero en seguida vimos que había una condición que impedía un desarrollo curricular y del aprendizaje más fluídos, que era la cuestión afectiva. Esto implica el bienestar de los niños y su implicación en el proceso, por lo que no podía quedar olvidado ni desatendido”, explica Rocabert.
De esas necesidades nacieron los grupos de conversación dentro del aula de acogida, pero con una particularidad: la materia eran las personas y el tema de las charlas era el duelo que se produce con la migración. Más tarde la conversación pasó a centrarse en el duelo en general, porque detectaron que los menores que no habían emigrado también habían pasado por este tipo de procesos, aunque por otras causas. “Cuando a uno se le muere el padre o la madre, los padres se separan o tiene algún familiar enfermo también pasa por una pérdida. Todos estos duelos van interfiriendo en la salud de las criaturas, su manera de resolver la vida y relacionarse. Por eso lo consideramos un universo que condiciona el proceso de aprendizaje”, dice Rocabert.
La escuela también está vinculada al proyecto de filosofía 318 y ha puesto en marcha cursos de catalán para familias por segundo año consecutivo. “Como tuvo mucho éxito, este año a partir del segundo trimestre haremos parejas de madre o padre con los niños de la familia para enseñar la lengua”, comenta Rocabert. Esta es la manera que han encontrado para “beneficiar el desarrollo personal de las personas, pero que también enriquece al grupo, que es más acogedor”. De aquí cuelgan otros objetivos transversales en el proceso educativo, como la ayuda mutua, el fomento del buen ambiente en clase, el respeto, la capacidad de trabajo.
La experiencia que ha puesto en marcha esta escuela ha dado unos resultados muy satisfactorios y concibe el proceso de aprendizaje desde una perspectiva bastante distinta a la que se dicta desde el Departament d’Educació, que precisamente separa a los niños recién llegados. “Ese no es un avance cualitativo”, valora Rocabert. “Creemos precisamente que lo bueno es compartir. En un grupo donde todos son iguales no tendrán nada nuevo que compartir con los otros. Los niños que llegan a nuestra escuela no tardan nada en aprender el catalán, en un trimestre pueden participar absolutamente en una clase. Lo que enriquece en profundidad es la interacción mutua”, remata.
Otros premios
La
Fundació Lluís Carulla entregó también el pasado 20 de octubre los V Premios Francesc Candel a Òmnium Cultural, la Confederación del Comercio de Catalunya, la Asociación Sociocultural Punt d'Intercanvi y la entidad Socialcat.
Con estos premios la Fundación premia las buenas prácticas de estas cinco entidades, incluido el CEIP Mestre Morera, por promover la integración de los inmigrantes en la sociedad catalana y favorecer al civismo, la convivencia y, en definitiva, aportar una visión positiva de la inmigración.
Los ganadores recibieron 3.000 euros, en un acto que contó con la presencia del secretario de Inmigración de la Generalitat, Oriol Amorós, la presidenta de la Fundación, Montserrat Carulla, y la directora de los servicios territoriales de Barcelona de la Conselleria de Acción Social y Ciudadanía, Neus Orriols, entre otros.
El jurado escogió estas cinco entidades entre un total de 54 propuestas. Òmnium Cultural recibe el premio por su proyecto de intercambio '¿Quedamos?', Punt d'Intercanvi de Barcelona por la colección 'Els llibres de la Nur' --editados en catalán y lenguas de origen de los inmigrantes que viven en Catalunya-- y la Conferderación del Comercio de Catalunya por la campaña 'Oberts al català'.
Los jueces del Premio estuvo integrado por Imma Boj, directora del Museo de Historia de la Inmigración de Cataluña; Mohammed Chaib, diputado del Parlament de Cataluña; Andreu Domingo, subdirector del Centro de Estudios Demográficos (UAB); Josep González-Agàpito, catedrático de Teoría e Historia de la Educación de la Universidad de Barcelona; Núria Llevot, profesora del Departamento de Pedagogía y Psicología de la Universidad de Lleida; Teresa Llorens, jefe del Servicio de Políticas de Diversidad y Ciudadanía de la Diputación de Barcelona; Saoka Kingolo, de la Secretaría para la Inmigración de la Generalitat de Catalunya, y Carles Duarte, director de la Fundación Lluís Carulla.
Más sobre extranjería en:
