Estocolmo, 10 de diciembre de 2009. Oficialmente la discriminación en el Viejo Mundo es una realidad incontestable. Este fenómeno lo sufren los inmigrantes y las minorías a un "escandaloso" nivel. Pese a ello, algo está fallando en el sistema porque la mayoría de las víctimas (82%) no denuncia esta situación ante las autoridades de los países de la Unión Europea. Esta es la conclusión de una encuesta realizada por la
Agencia para los Derechos Fundamentales (FRA) de la UE.
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El estudio "Minorías y Discriminación en la Unión Europea", en el que han participado 23.000 personas de los 27 Estados miembro, indica que las minorías étnicas sufren discriminación frecuentemente en todos los aspectos de su vida diaria, desde el lugar de trabajo a las aulas, pasando por las salas de espera de los hospitales. "Los resultados revelan unas pruebas escandalosas sobre la discriminación que sufren las minorías en el día a día", dice el informe.
La encargada de la investigación, Jo Goodey, explicó que las cifras extraídas son "sorprendentes" para la mayoría de los grupos analizados. "Para nosotros, subraya el hecho de que es un problema que necesita atajarse", añadió.
La discriminación se hace especialmente palpable en la búsqueda de empleo, precisamente una labor clave "en época de crisis económica", como indicó Goodey. Además, las minorías sufren situaciones de diferenciación en materia de salud, vivienda, educación o trato ante la Ley. En este sentido, uno de cada cinco norteafricanos admite haber sido parado alguna vez por la Policía sólo por su color de piel.
Más del 80 por ciento de las personas entrevistadas señalaron que no acudieron a las autoridades para denunciar casos de discriminación porque creían en ese momento que no serviría para nada. Casi la mitad de los encuestados ni siquiera conocía la existencia de legislación específica contra este tipo de prácticas.
Redacción