
El ‘problema’ de la inmigración planea en la actualidad social europea. Y resulta que desde el triunfo de Sarkozy (mayo/07) con un discurso duro para los extranjeros, la bola de nieve creció en la agenda política continental. Ejemplo de ello es el cambio de prisma de Zapatero en España, la Lega y Berlusconi en Italia o las nuevas leyes migratorias en Inglaterra. Unas reglas del juego muy ‘novedosas’. Algunos puntos son:
1) Los extranjeros residentes dejarían de acceder a los servicios de salud, vivienda o desempleo. Para ello, en cambio, se requiere que sean ciudadanos británicos.
2) Claro que nacionalizarse será un proceso mucho más complicado y selectivo. Por ejemplo los enfermos o discapacitados corren con mucha desventaja; aumenta el precio para las visas y se cobrarán más impuestos a las familias con viejos o infantes en su núcleo.
3) Finalmente, habrá un examen de inglés vinculante.
Así las cosas en la prensa deportiva recogieron la noticia y le preguntaron al secretario de Estado de Inmigración, Liam Byrne, al respecto. “Me temo que ganan suficiente dinero para pagarse clases profesionales”, respondió.
Hace días charlé con Carlitos Tévez, una de las figuras del Manchester United, en el Camp Nou de Barcelona. El delantero, después de dos años en Londres, dice poco más que ‘gellou’; mi bisabuela, excelente costurera, dejó Italia a los trece años y murió a los 83 en la Argentina con un castellano penoso; conozco pakistaníes que atienden los mercaditos sin saber más que pedir el cambio, aunque no por eso sus góndolas están vacías.
Es evidente que el no saber el idioma del lugar jode. En primer lugar al propio interesado, quien restringe su radio de acción. Pero ello no le impide realizar muchos trabajos correctamente.
¿O Tévez se confundió de arco en Old Trafford por no hablar inglés?
En definitiva estas leyes castigan a los más débiles; a todos aquellos que, a diferencia de los futbolistas, no tendrán el tiempo o el dinero para la academia.