Marcos V, 25 años, Chile
Legión
No tengo ni la más mínima idea de porqué levanté la cabeza. Supongo que solamente fue un acto reflejo. Con lo apurado que estaba no podía permitirme el lujo de perder ni siquiera un segundo; quedaban tan sólo cinco minutos para que cerraran el Ministerio y era mi obligación conseguir algunos timbres antes de que eso sucediera. Sin embargo todo el mundo miraba hacia los cielos, y ya sabes que la curiosidad es algo difícil de dominar. Por lo cual, olvidando durante un brevísimo momento mi apremiante situación, decidí alzar la vista… acción que posó mis ojos sobre ella por primera vez.
Por supuesto que en ese momento no sabía que era una mujer. De hecho me impresiona haber alcanzado a distinguir que era un ser humano. Es que ella estaba tan lejos.
Y caía tan rápido.
Si tú hubieses estado ahí también te habrías paralizado. Fue demasiado impactante. ¡No podía creer lo que estaba sucediendo! Sin embargo, no fue ni el miedo ni la angustia las sensaciones que me invadieron, o sea, claramente estaba viendo un cuerpo a punto de estrellarse contra el pavimento, pero tenía la extraña sensación de que era algo más. Qué sé yo, un acontecimiento excepcional. Un pedazo de historia. Una obra de arte.
En retrospectiva supongo que me sentí mal por tener este tipo de pensamientos tan… confusos, por lo cual decidí que era mejor dejar que todo pasara rápidamente. Me imagino que estás familiarizado con el viejo truco del avestruz; esconder la cabeza bajo tierra sin hacer más nada. Así que, asumiendo que todo iba a terminar en un abrir y cerrar de ojos, pestañé…
Una.
Dos.
Tres veces.
Y ahí seguía ella, precipitándose cada vez más rápido hacia un suelo que parecía no darse cuenta de este hecho... ¿Sabías que en ese mismo instante hubo un pequeño temblor en el área? Eso fue lo que dijeron los noticieros. Eso fue lo que escribieron los periódicos. Patrañas. Los que estuvimos ahí sabemos la verdad: El cemento bajo nuestros pies se estremeció al percatarse de que la colisión era, por mucho que lo intentara, un hecho inevitable.
¿Y quién puede culparlo? Si bien no era su responsabilidad lo que estaba por suceder, a nadie le hubiese gustado estar en su lugar. Esa figura borrosa en aceleración era más que un suicida sin nombre. Era nuestra amiga, nuestra madre, nuestro ángel. No puedo explicártelo muy bien, fue todo tan confuso.
Fue todo tan claro.
Ya sé, ya sé. Nada de esto hace mucho sentido. No importa, así fue como pasó y así es como te lo estoy contando. Te estoy diciendo la pura y santa verdad, lo juro por la Sagrada Virgen. ¿Por qué habría yo de mentirte? Si quieres conocer sólo la mitad de la historia te sugiero que te metas a internet, lugar en el cual podrás encontrar un video de lo sucedido… aunque debo advertirte que esa filmación lo muestra todo pero no cuenta absolutamente nada. ¿Cuenta por ejemplo que decenas de personas soltaron lágrimas al verla caer? ¿Cuenta que varios de los presentes nos arrodillamos al presenciar un evento que solamente puede ser calificado como “milagroso”? ¿Cuenta que muchas personas que jamás se habían visto en sus perras vidas se tomaron de la mano? Por supuesto que no. Una imagen podrá decir más que mil palabras, pero una experiencia es capaz de decir mucho más que un millón de imágenes.
Dios. Fue todo tan sobrecogedor. Incluso podría jurar que, durante un fugaz instante, la vi desacelerar, como si la gravedad se negara a trabajar con su habitual precisión… aunque probablemente era mi cabeza jugándome una mala pasada, no demoré mucho en darme cuenta que la distancia entre ella y su destino era cada vez más pequeña. Diminuta. Inexorable. Lo curioso de todo el asunto es que esta observación no me causó ningún tipo de tristeza. A esas alturas yo, y todos los que estábamos presentes, solamente queríamos mirarla, con la esperanza de que ese pequeño momento de eternidad se quedara grabado por siempre en nuestras retinas.
Así que contemplamos. Toda nuestra atención estaba enfocada en ella. Nada, ni nadie, nos hubiese podido distraer en ese momento. Estábamos tan concentrados en nuestra tarea que incluso fuimos capaces de calcular cuántos pisos le quedaban para terminar su vertiginoso recorrido, razón por la cual puedo asegurarte que, cuando estaba en el piso nueve, ella bostezó profundamente, para luego, tan sólo dos pisos más abajo, quedarse dormida. En plena caída libre.
Y fue así, en este estado de completa paz y tranquilidad, que golpeó el suelo. No se escucharon gritos. No cundió el pánico. ¡A ella ni siquiera le brotó sangre! Puedes reírte todo lo que quieras, pero yo la vi con mis propios ojos. Apenas su cuerpo se posó sobre el pavimento todos los que estábamos presentes nos acercamos, no por morbosidad, sino en un acto de profundo amor y respeto. Nos aproximamos a ella y, formando un círculo, la contemplamos.
Nos contemplamos.
El silencio se apoderó de la escena. Los cláxones dejaron de sonar. Las respiraciones se hicieron imperceptibles. La realidad entera enmudeció para rendirle un muy merecido homenaje a aquel cuerpo que yacía inmóvil en medio de la acera… Estábamos tan absortos en la solemnidad del momento que nadie reaccionó cuando una anciana se le acercó. Tampoco hicimos nada cuando se recostó a su lado y la abrazó.
-Yo sé lo que se siente mami- le susurró esta mujer entrada en años a su…nuestro oído- Cuando yo era pequeña mi padrastro también abusó de mí. Ese coño de madre tomaba más de la cuenta y nos golpeaba. A mí y a mi pobre mamá. Nos decía a gritos que éramos unas gafas. Unas desagradecidas. Unas inútiles…
-Pero no me rendí –dijo enérgicamente un señor de coloridos atuendos que se encontraba entre la multitud– Todo gracias a la ayuda de mi familia ¡Que Dios los bendiga! Cuanta basura tuvieron que soportar en su vida. Se mataron trabajando para que yo pudiera pagar mi educación….
-Su esfuerzo no fue en vano –prosiguió una joven que tenía más aros en la cara que pelos en la cabeza- Yo me aseguré que no lo fuera. Me dije a mi misma: Vos tenés que entender que no podés andar por ahí haciendo la loca. Tenés que salir para adelante. Y lo hice ¿viste? Aquí estoy. Laburé durísimo, de eso no hay duda, y seguro que aún me queda mucho más por hacer, pero eso no me detendrá ¡No señor! Yo llevo en mi sangre la convicción de que rendirse no es una opción…
-Claro que andar azotao todo el tiempo tampoco es una muy buena alternativa que digamos– bromeó un adolescente en silla de ruedas – No hay nada mejor que una rumba de vez en cuando. Es parte de todo esto ¿no? ¿Qué tú crees? ¿Qué somos robots? Estamos acá para cantar, gozar, reír, llorar, sufrir…
Vivir.
-Y ahora aquí estoy poh- observó una mujer vestida de traje - Echándole pa’delante. A veces me empelotan bastante mis vecinos que viven en el primer piso. No se quedan callados nunca; que tengo que vivir mi vida de esta manera, que tengo que poner mi plata en no sé donde. Tanto color que le ponen. Aunque de tanto escucharlos he sacado una conclusión: Siempre voy a aceptar que me aconsejen, pero, a fin de cuentas, soy yo quien manejo mi destino. Soy libre de tomar mis propias decisiones ¿Cachai? Seguro que he metido la pata en el pasado, pero mis errores no me definen. No importa cuántas veces me caiga, jamás me voy a quedar en el suelo.
Todos sabíamos que en ese momento ya no había nada más que decir… así que aplaudimos. Una y otra vez. Aplaudimos hasta que nuestras manos quedaron rojas y nuestros oídos vibrantes. Probablemente fue por tan entusiasta ovación que el viento nos honró a todos los presentes con un murmuro. Un murmuro que contenía el nombre de la suicida. Un nombre que fue confirmado por los edificios y por las nubes.
Unos cuantos bailamos.
Muchos nos abrazamos.
¿Después? No sé con exactitud qué pasó después. Sólo sé que cuando miré hacia la mujer que había caído, ella ya no estaba. Se había desvanecido. Algunos dicen que ascendió a los cielos, la consideran una santa a la cual le prenden velas y le piden milagros. Otros plantean que todo esto fue una especie de truco mágico muy elaborado. Incluso hay quienes afirman, haciendo caso omiso a la existencia del video, que nada de esto sucedió realmente, que todo fue el producto de una alucinación colectiva.
Yo, por mi parte, sé que ninguna de estas teorías es correcta. Lo que presenciamos fue una declaración, fue la forma que ella tiene de decirnos que jamás nos va a abandonar. Nos ama demasiado como para dejarnos a nuestra propia suerte. Pueden intentar golpearla, herirla, hasta asesinarla, pero ella es más fuerte que todo eso… ¿Que cómo puedo estar tan seguro de lo que estoy diciendo? Fácil, la veo todos los días en el autobús. En los noticiarios. En el parque.
La veo saludar cada vez que me miro al espejo.
A ella.
América.