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Leguizamón y el pecado original
Por Federico M. Winer
"Está mal cogida (follada); se ve que hoy la cogieron mal. Que no ‘le dieron’ a la mañana. Le hubieran encajado un buen polvo, así venía tranquila". La frase está fresquita y pertenece a Mario Leguizamón, (ex) mediocampista de Deportivo San Martín. Desde que el jugador uruguayo abrió la boca tras ser expulsado por el árbitro Silvia Reyes, en el partido contra Alianza Atlético, Perú está revolucionado. Pero, como muchas rebeliones mediáticas, está llena de matices y dobles morales. Veamos.
Haz lo que te digo pero no lo que yo hago. La jueza brasileña Ana Paula Oliveira expresó que su colectivo trabajó mucho para ganarse “el respeto dentro de la cancha. No podemos permitir dejar pasar esto. Silvia debe iniciar un proceso jurídico que sirva de ejemplo al mundo entero”. Palabras perfectas para alguien que no respeta la igualdad entre sexos. Pero cabe preguntarse qué autoridad tiene siendo que es una de las personas que menos ayudó a desmitificar el sexismo en la profesión, ya que en el 2007 posó desnuda para Playboy a cambio de una suma monetaria. ¿Acabar la carrera fotografiada en bolas favorece al colectivo femenino del silbato?
La cruz que lo condenó. Sin embargo no fue el caso Reyes lo que acabó con la carrera del montevideano en Perú. El gran pecado que motivó la expulsión de la plantilla de San Martín fue que el muchacho tiró gasolina sobre el nivel del fútbol peruano: “¿Hace cuanto que no ganan nada? Es la realidad, se la dejo a ustedes nomás (sic). Ustedes son los que tienen el fútbol así. En junio acaba mi contrato y no vengo más”.

“Acá llega mucho desubicado que gana un nombre y se cree la figura. Hablan mal del Perú, pero gracias a Dios recibió su merecido, fue castigado y felizmente se irá. Te aseguro que si se quedaba en la cancha iba a tener muchos más problemas”, replicó el jugador Juan José Jayo. Las editoriales de los periódicos también usaron el nacionalismo como bandera para hacer tiro al blanco con Mario. “La indignación general triunfó sobre la bravuconada”, dijo Perú 21; “La expulsión es un ejemplo de lo que son principios”, afirmó El Comercio; “San Martín perdió el invicto pero ganó muchísimo botando al malcriado”, escribió El Bocón.
Denigrar a una mujer, tarjeta amarilla. Meterse con el nivel futbolístico, cartulina roja.
“Le pasó por ser extranjero”. El entrenador argentino Ricardo Gareca, que dirige hace muchos años en el campeonato peruano, fue una de las pocas voces que defendió a Leguizamón. “Es un tema delicado. Como cualquiera tiene todo el derecho a expresarse libremente. Por manifestar una opinión no se le puede rescindir el contrato a nadie; sino esto sería una dictadura y creo estamos en democracia. Le ocurrió por ser extranjero, porque si lo hubiera dicho un peruano no pasaba nada”, explicó.
Ojalá no haga falta otro insulto similar en boca de un autóctono para comprobar si las palabras del ‘Tigre’ fueron verdad. En cualquier caso, a la sociedad peruana en particular le cabe preguntarse si este golpe de efecto será lo único que harán para igualar los derechos entre hombres y mujeres tierra adentro. Así, el pecado original no está en el huevón de Leguizamón, sino en todo el conjunto.
Muy lejano, por cierto, a lo que se vive en los Países Nórdicos. Algo que en Lima pocos repararon hasta que a Mario se le escapó la tortuga.