Mariana Cantero. “El tema del catalán lo conocíamos pero a veces es difícil llevarlo”, dice Martín Habiague, encargado del Mescladís, un restaurante del barrio Sant Pere de Barcelona. Ahí se combina la venta de comida con talleres de gastronomía, conjugando la vertiente comercial con la solidaria. Habiague es argentino y uno de los destinatarios de la campaña “Oberts al català” (Abiertos al catalán), una iniciativa de la Confederación del Comercio de Catalunya, patronal del pequeño comercio que aglutina a más de 90.000 empresas y 300.000 trabajadores en el territorio.
En esta comunidad autónoma la normativa obliga a que en cada establecimiento comercial haya por lo menos una persona que entienda el catalán y que la cartelería sea bilingüe. “Muchas veces no hay mala fe, pero sí desconocimiento de estas cosas, incluso por parte de gente que está aquí hace muchos años pero que quizás no tiene todo en regla”, dice Montserrat Clarasó, responsable del Servicio lingüístico de la Confederación. Habiague coincide: “uno a veces viene de fuera, piensa que es simple montar un negocio y después se encuentra con toda una serie de regulaciones y procesos por los que hay que pasar”.
Por eso la Confederación del Comercio puso en marcha hace dos años la campaña, que además de informar sobre la regulación específica en materia de idioma, acerca otros recursos a los nuevos empresarios. “Editamos un código de buenas prácticas del uso del catalán en el comercio y también una guía para instalarse comercialmente en Cataluña que se ha traducido a varios idiomas, para facilitar que los nuevos empresarios sepan dónde pueden encontrar ayudas, dónde pueden formarse o cuáles son los trámites que tienen que hacer”, comenta Clarasó.
La campaña se amplió en 2007 y se centró especialmente en el gremio de restauración y hostelería, para el que se editaron materiales dirigidos a empresarios y trabajadores en las principales lenguas extranjeras. “Intentamos hacer llegar la normativa comercial y lingüística. Hemos hecho un gran esfuerzo a nivel de contenidos porque sabemos que las normas pueden ser complicadas de entender, hay muchas excepciones de las reglas generales, por lo que explicamos las leyes de manera muy sencilla, orientando hacia las fuentes donde se puede encontrar información y comentando las especificidades para cada rama de actividad económica”, apunta Clarasó.
Este año también han preparado nuevos recursos, entre ellos una guía básica de normativa comercial explicando horarios, requisitos de etiquetado y cartelería, gestión de residuos, etc. Los materiales llegan a las manos de los comerciantes por medio de un grupo de dinamizadores que van recorriendo empresas y negocios puerta a puerta, porque una de los deficiencias de los comerciantes es el tiempo.
Desde la Confederación también informan dónde se puede aprender catalán gratuitamente y organizan estos cursos dentro de los mismos centros de trabajo, siempre en relación a la actividad de la que se trate. La organización actúa en conjunto con el Consell de gremis de Cataluña (Consejo de gremios de Cataluña). “Los gremios tienen escuelas de formación. Por ejemplo, los panaderos tienen una escuela para formar trabajadores”, comenta Clarasó.
La oferta de estos cursos, todos gratuitos, así como los recursos de formación que propone la Generalitat, están recogidos en las guías que edita la Confederación. “Intentamos hacer de puente un poco entre la demanda de cursos y la oferta de la administración, que a veces es variada pero los trabajadores no la conocen”, añade.
La campaña “Oberts al català” ha sido distintguida este año con el
Premio Francesc Candel, que otorga la Fundació Lluís Carulla.
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