Buscador
RSS de Tribunalatina.com
tribuna Latina
2 concurso cuento corto
Los 5 primeros clasificados de la categoría 2ª edición Tu Cuento Vale
7222 votaciones
1510 votaciones
1136 votaciones
PREMIOS
CATEGORÍA JÓVENES


Ganador: 3.000 euros

Se entregarán además dos menciones de honor.
camara%20video

PREMIO DEL PÚBLICO

Hasta 13 años
Cámara vídeo
Hasta 18 años
Cámara vídeo
Hasta 27 años
Cámara vídeo
Fecha de publicación: 14/10/2009
Carmen Díaz-Oliver Castro, 24 años, España
tu cuento vale
Nunca fuimos franceses
No era la cualidad que más despreciara en el mundo, pero aquella noche me sentí un cobarde. Las siluetas del puerto se alejaban entre la bruma de un amanecer sin sol, en una niebla perenne que abotagaba mis sentidos. Mi hermano se muerde la mandíbula con virulencia, el puño tan prieto que un hilito de sangre baila lentamente entre sus nudillos. Sus ojos de un verde oscuro se han tornado negros, con las pupilas casi plenamente dilatadas, sin pestañear, mira el horizonte que se aleja escudriñando entre las sombras la silueta de quien no ha venido. Pensaba que su rabia era por la tierra que se consumía en manos extranjeras, por nuestro padre que había muerto ante sus ojos, encendido en brea. Rabia por compañeros que dejaba atrás empuñando las armas y que ahora se quedarían huérfanos. Pero, cuando en mitad de la madrugada se metió en mi cama y apoyó su mejilla en mi espalda para llorar como un niño supe muy bien que aquello no era todo, y que lo más evidente había ocurrido ante mis ojos y yo no había sido capaz de verlo.

Debido a mis últimas recaídas hube de pasar gran parte del trayecto en un jergón. La mitad de mi vida la había pasado así, sólo que ya no estaba en la casa de los almendros, en el viejo torreón desde donde si asomaba un poco la nariz podía ver la silueta del Palacio de los Velayos y los aposentos de Mar. Pinté a una niña a la que aún no la habían salido los dientes, luego a una muchacha leyendo, más tarde portando el abanico y finalmente a una diosa de ojos grises de mirada penetrante que presentía las cosas antes que ocurrieran y que era ajena a su belleza tanto como lo éramos todos los mortales a su universo.

Tenía tres años cuando mi padre partió a las guerras con Francia y a los nueve meses mi madre murió al dar a luz a Miquel. De aquel momento sólo recuerdo una gran luz en la habitación, el color marfil de mi madre, inmóvil en la cama, vestida como una princesa y sus ojos en los de Miquel, que agarraba mi muñeca con firmeza. No ocurría siempre, pero mi padre había amado sinceramente a mi madre y ni un solo día de su vida dejó de entornar los ojos frente al fuego y caminar junto a ella en el baile de las llamas. En una oscura refriega en la batalla, mi padre salvó la vida a alguien importante y hasta que no llegó el último momento no supimos que era muy cercano al rey. Acaso mi hermano sí lo supo mucho antes, cuando en sus ausencias en mitad de la noche cuando salía con mi padre al galope con la daga toledana a los riñones. Eso, como muchas otras cosas, las supe después, cuando en mitad de la noche, Mar se coló en mi habitación con los ojos desorbitados anunciándome que a mi padre y a mi hermano les había ocurrido algo.

Don Arnau Velayos, el padre de Mar, había luchado junto a mi padre, formaba parte de la alta nobleza e igualmente marchó a la guerra más bien por decoro que por razones patrióticas. La amistad que surgió entonces, en las vicisitudes de la batalla, fue vista por los de su clase como una extravagancia, un simple capricho que alguien de sangre tan alta entablara un hermanamiento con un señor de unas pocas tierras.

Mis dibujos de aquellos años son de colores luminosos, caras sonrientes, vegetación viva y floreciente. Aún recuerdo el olor de Miquel, cuando con mi cabeza en su nuca, me cargaba a la espalda para que no me perdiera un bello atardecer en la playa junto a Mar y después salía de madrugada con el caballo, en busca de aquel combate silencioso que libraba contra franceses, aragoneses, castellanos que ocupaban con abusos nuestras tierras.

Don Arnau conocía estas aventuras, aunque nunca se habló una palabra, a veces el silencio es un grito ensordecedor, hasta que Miquel un día le dio forma a esa ausencia de sonidos y me susurró “Martí, te cuidado”.

En la oscuridad de nuestra huída, de ese días sin sol, en la penumbra de aquel camastro mal oliente, Miquel comenzó a decirme que todo ocurrió una noche hacía muchos meses. Era el cumpleaños del primo de Mar, en el Palacio de los Teja, no demasiado lejos de nuestra casa se celebraba una gran fiesta. Aquellos bailes en los que me sentía observado con curiosidad, pues debido a mis reclusiones no hacía mucha vida social y los rumores sobre el fantasma de la torre de la casa de los almendros llegaron hasta mis oídos. Mar me saludaba entre las nubes de pretendientes y Miquel asentía con discreción a una mirada de un compañero.

Aquella noche en el Palacio de los Teja estaba muy cerca de firmarse la ocupación francesa en Cataluña y la tensión por contener la alegría frente a la prudencia era altísima. Miquel nunca debió ir, Don Arnau tenía un destello en sus ojos de incomodidad. Mar apareció como una luz cegadora en aquella noche de tempestad. Hacía años que Miquel entregado a las intrigas contra las múltiples presiones de la nobleza del reino que fuera, no corría tras Mar por la playa, y ella, educándose para convertirse en una dama casadera y rodeada de galanes pretendientes no veía en Miquel más que un salvaje.Mar lo llevó a una estancia lejos del bullicio. “No te fíes de mi padre” susurró. Alguien venía y se estrecharon aún más a la pared buscando la oscuridad. Cuando las luces del pasillo fueron otra vez prendidas se descubrieron besándose.

La noche embrujada. Relámpagos rompen la oscuridad y Miquel me cuenta, a susurros sobre mi nuca que aquella noche ambos se condenaron. Comenzaron entonces un amor secreto, los retratos de Mar en aquel tiempo fueron los más bellos. Miquel trepaba hasta el balcón de Mar y se despedían al alba, ya no paseaban por la playa, buscaban las cuevas de los acantilados para entrelazarse las manos.

Se hizo más difícil con la presencia francesa. Aquella no fue ninguna solución para los campos, cambiamos a un rey que nos ahogaba por otro que nos ahorcaba. Muchos sueños se hicieron polvo y cenizas, pero muchos otros se enriquecieron, hablaban francés y tomaron sus costumbres. En el palacio de los Velayos se organizaban las más extravagantes fiestas. Don Arnau rentaba ahora sus contactos en la guerra de Francia y en casa de Mar, para alegría de su madre no dejaban de entrar herederos de grandes fortunas pidiendo cortejar a mi princesa. Mar les despachaba con sonrisas corteses y luego corría hasta los acantilados, donde Miquel se consumía. Yo sólo pensé que el mundo que le había tocado vivir había roto muchas de sus ilusiones y por eso se encontraba taciturno, nunca pensé que su cuerpo aún olía a Mar, y se atormentaba porque cada vez la veía más lejos de él.

La noche que Mar en mitad de la tormenta llegó a confesarme su bajé sin resuello hasta la habitación de mi padre, la leña aún estaba caliente, pero aquella noche había salido con Miquel y no había regresado. A mi padre ya lo habían ajusticiado ante sus ojos, en un camino, quemando su cuerpo con brea. Supimos que Don Arnau que había intercedido por él para salvarle la vida, pero en pago a su acto heroico en la guerra sólo pudo conseguir que su hijo, es decir mi hermano, y el último caso, yo mismo, no fuéramos ajusticiados. Don Arnau comprendió aquella noche que todo aquello había llegado demasiado lejos y debía deshacerse de Miquel, no había nada peor que un líder sin bando en aquel tiempo. Debía alejarle de sus tierras y de su hija. Mar trajo a Miquel, sucio, desconcertado, silencioso. Miquel miró a Don Arnau frío como el hielo.”Eres un hombre inteligente, Miquel, si, ya eres todo un hombre. Tu padre ha muerto, tu hermano está enfermo y tu vida, sin un rey por quien luchar, no vale nada en este tiempo. Tu padre me habló de unas tierras en Italia…tu tiempo aquí se agota y no te lleva a ningún sitio. Hoy he hecho lo que he podido y lo sabes, pero no sé si mi crédito o mi influencia servirá en otra ocasión, hoy como has visto ha sido, lamentablemente, insuficiente…”susurra Don Arnau “Y mientras siga yo aquí, su posición se verá comprometida... Miquel, eres importante, pero no tanto. Sin embargo, sabes que los jóvenes sois fácilmente influenciables y Mar es tu hermana, y pronto se casará, no puede perder el tiempo con aventuras de niña…vuestra situación es comprometida aquí, temo por vosotros….”Miquel se vuelve hacia mí bruscamente “Martí, prepara tus pertenencias, envuelve tus cuadros, partimos esta misma noche”

Mar, nunca llegó. Yo no sabía a quién esperábamos. Sólo recordaba a Mar, en su balcón, en mitad de la tormenta, agitando sus manos dándome las buenas noches por última vez. Y yo sólo dibujaba bruma y muchas manchas negras mezcladas con oscuros lagrimones.

La tormenta o acaso el destino decide que éste no será mi último cuadro, las tropas de Felipe han entrado en Barcelona y todo puede cambiar. Y mi hermano que siempre fue valiente, quiere que pinte un beso, pues sabe que en el torreón Mar le espera, con la sangre tiñendo los campos y el fuego consumiéndolo todo. Ella le espera. Y por aquella tormenta, por este nuevo tiempo que nos había tocado vivir y por aquel beso, regresaríamos, porque todo aquello merece ser recordado.
Este cuento ha recibido: 1510 votaciones