Hoy me dieron ganas de hacer este ejercicio, pensando en las mujeres que realmente trabajan para lograrlo y también pensando en las mujeres que quisieran serlo aunque no trabajen para lograrlo.
Empezaría la imagen con una mano que me tira un jarro de agua fría en lugar del sargento que grita en el barracón de las películas – ¡Qué! ¡Qué pasó! Me incorporo, vuelvo a saber quien soy, porque la taquicardia no me ha matado, y lo que sigue en la agenda que cuelga de un panel frente a mis ojos, estoy dispuesta a hacerlo lo mejor que pueda ese día, pero después de que me tiren un paño sobre la cara, para secarme, y me den el café bien negro.
A partir de ahí todo el cerebro, ya sobre ruedas, verá a mi país como mi gran casa. Desde querer que todo huela rico y esté ordenado, a que la gente se alimente bien y sea aseada, hasta terapiar a los mentirosos y regañar a los ladrones. En el camino al trabajo, siempre estaré sufriendo porque no me quieren como soy y nadie me entiende, en mi necesidad de transparencia, paciencia y gentileza.
En serio, si yo fuera presidenta, los maleantes estarían en el círculo inferior de mi amada republica y los artistas en el superior, acompañados de maestros asesores en dividir las ganancias correctamente. Incluso le quitaría al que mucho tiene y al que mucho adeuda, para darle al que poco tiene como un impuesto por seguir queriendo la acumulación de bienes en una vida que sólo es eso, una vida, y para ella, hay sólo una cantidad de avaricia aplicable. No hay campo para más ni tiempo para más.
También educaría a la fuerza a los futuros vagos y el arte de la manipulación se lo dejaría como legal a los payasos únicamente. No, en serio, si yo fuera presidenta prohibiría la venta de cigarros, la inoperancia burocrática y las bolsas plásticas; regularía las cirugías estéticas y exigiría que todas las mañanas en las escuelas se leyera “El canto a mí mismo”, de Whitman, para después hacer que los niños se besaran los brazos ellos mismos y se dijeran “me quiero mucho” antes de empezar a estudiar. Incluiría el canto como materia obligatoria para que la gente aprendiera a oírse entre sí y exigiría a todo centro educativo que los alumnos trabajaran para la comunidad en algo.
También me preocuparía por hacer un poco de ejercicio anticolesterólico, no deber muchos favores, ni necesitar un millón de amigos sobre todo en las municipalidades… Reconocería que no puedo con los dolores de todos ni con las ambiciones de todos.
Poder despegarme del celular mientras medito me imagino que sería un logro, pero… para una mujer todo es proponérselo. ¿No creen?
Aunque sí, ya sé, ya sé, las fuerzas están convocadas para que el país necesite de alguna señora más democrática, más pluralista que llaman… más políticamente correcta y realista.
*Escritora costarricense