Vilavella es en la obra Miguel de Molina. Este es, a la vez, su trabajo de final de carrera del Institut del Teatre. “A mí siempre me interesó mucho la figura del actor-director y del actor que se dirige a sí mismo, conciente de que es una figura que tiene un cierto riesgo, porque hay mucha gente que considera que un director no puede dirigirse a sí mismo. Creo que es posible en determinadas circunstancias, trabajando de una forma concreta. Pero a veces sí que se necesita el trabajo de alguien desde fuera y uno mismo hacer sólo de actor. Pero me gusta mucho haber podido representar este espectáculo justamente al final de mi carrera, donde realmente puedo unir mis intereses profesionales de cara a ver qué vendrá”.
El resto de actores juegan distintos roles, representando tanto al coro de palmeros y de acompañantes en los jaleos como a las personas con las que Miguel compartió su vida: su madre, una monja de la escuela, el Secretario de la Falange del Exterior, Soledad Miralles (una de las artistas con las que el artista debutó), Lorca y las dos prostitutas con las que trabajó en el burdel cuando se escapó de su casa, en la adolescencia.
La lucha de MolinaMiguel Frías Molina era originario de Málaga, de donde huyó en su adolescencia. Algeciras fue su primera parada. Allí trabajó en el burdel “Pepa la limpia” como chico de los recados. Más tarde, Frías decidió dedicarse al mundo del espectáculo, por lo que cambió su nombre al de Miguel de Molina. Bajo ese mote el artista, que fue el primer cantante masculino de copla, inició su camino por los escenarios.
Molina tuvo una vida dura. “Fue un revolucionario”, dice Vilavella, “al mostrar su condición sexual en una libertad absoluta”. El andrógino artista era republicano, y fue perseguido y torturado por el régimen franquista, que lo llevó al exilio en Argentina. Durante sus años en Buenos Aires actuó en películas como Luces de candilejas o Ésta es mi vida. Pero el Secretario de la Falange del Exterior inició su cacería de tal forma que lo echaron de Argentina y fue a parar a México, de donde fue nuevamente expulsado. Finalmente, volvió al país austral bajo el amparo de Eva Perón. Allí construyó su fama y recibió el reconocimiento a su trayectoria en 1992, a los 84 años. Un año después, murió. Molina “pertenecía y creía en la misma España que Lorca. A uno lo mataron, al otro le hicieron la vida imposible”, concluye Vilavella.
El Espai Brossa, diez años rescatando figuras de entre las sombrasHermann Bonnín, es el director del Espai Brossa, que ahora celebra su décimo aniversario. La trayectoria del Brossa viene marcada por el intento de “ser fiel a la construcción de un espacio teatral íntimo pero influyente”, dice. Según Bonnín, “los programadores del teatro quieren rescatar figuras olvidadas que están vivas, dar luz a dramaturgias sumergidas”.
“Queremos recuperar el teatro de los poetas, o a los poetas que escriben teatro” y que han sido injustamente dejados de lado, explica el director del teatro. Con ese propósito, el Brossa programa esta temporada tres producciones propias y a siete compañías invitadas. En cuanto al caso particular de
Ojos verdes, el espacio ha intentado continuar con la consolidada trayectoria que tiene programando flamenco.
El espectáculo es en castellano y se presenta del 13 al 21 de septiembre en el Espai Brossa. Para los que no pudieran disfrutarlo entre esas fechas, la compañía propone cada viernes hasta el 19 de octubre las sesiones golfas, a precios populares.
Para más información:Espai Brossa
c/Allada Vermell 10
www.espaibrossa.com